El significado de «ikigai» se traduce literalmente como «aquello que hace que la vida merezca la pena», no «propósito», y hace referencia a pequeñas fuentes relacionales de valor cotidiano, más que a una fórmula profesional o a un diagrama de cuatro círculos; y cuando esa sensación de valor se pierde durante semanas, acudir a un terapeuta titulado puede ayudar a identificar qué ha cambiado y a recuperarla.
¿Y si todo lo que crees saber sobre el ikigai procediera de una ficha de orientación profesional, y no de Japón? El verdadero significado es más modesto, más discreto y no tiene nada que ver con la pasión ni con el beneficio económico. Esto es lo que realmente significa y por qué ese cambio es importante.
¿Qué significa realmente «ikigai»?
El término «ikigai» se traduce tan a menudo como «propósito» que la mayoría de los lectores ya creen saber qué significa antes incluso de leerlo. La palabra en sí es más sutil que eso. Se refiere a algo pequeño y visceral, no a una declaración de intenciones.
«Ikigai» en japonés: los caracteres y su significado literal
«Ikigai» se escribe 生き甲斐, o a veces en la forma mixta más sencilla 生きがい. Si lo desglosamos en sus partes, el significado de «ikigai» se vuelve mucho más claro. «Iki» (生き) proviene del verbo «vivir», y «gai» (甲斐) significa «valor» o «merecer la pena», la sensación de que algo vale la pena. En conjunto, la interpretación más sencilla se acerca más a «aquello que hace que la vida merezca la pena» que a «propósito» o «razón de ser». Esas traducciones al inglés no son exactamente incorrectas, pero aportan un peso y una formalidad que los caracteres originales nunca tuvieron.
La pronunciación de «ikigai» y la forma en que la mayoría de la gente lo pronuncia
Si se pronuncia correctamente, «ikigai» se lee «ee-kee-guy», cuatro sílabas uniformes sin acento tónico en ninguna de ellas. El japonés no acentúa las sílabas como lo hace el inglés, por lo que no hay énfasis en el primer ni en el último sonido. La versión habitual en inglés, «icky-guy», altera esa uniformidad convirtiéndola en dos sílabas acentuadas y desiguales, y cambia el sonido de la vocal inicial. Es una pequeña distorsión, pero es de esas que convierten una palabra suave y corriente en algo que suena a remate de chiste.
A qué se refiere el concepto japonés de «ikigai» en la vida cotidiana
En el uso cotidiano del japonés, el ikigai suele ser algo pequeño y específico. La visita de un nieto, un jardín que hay que cuidar, el ensayo semanal del coro, esa taza de café en silencio antes de que se despierte nadie más en casa: estos son los ejemplos cotidianos que da la gente cuando se le pregunta cuál es su ikigai. La palabra describe una sensación interior de que vale la pena estar vivo, no un logro, una carrera profesional o un título que se pueda poner en una tarjeta de visita. Esa distinción es importante porque los lectores que llegan desde la versión occidental de «ikigai», propia de los libros de autoayuda, suelen medir sus vidas según un estándar de gran propósito que la palabra original nunca estableció. El popular diagrama de los cuatro círculos asociado al ikigai es una invención posterior e independiente, que no forma parte de esta definición.
Hay otra aclaración que conviene hacer desde el principio: «ikigai» es una palabra japonesa y no existe como término propio en chino, aunque los propios kanji sean legibles para los hablantes de chino. Por eso, las búsquedas de «ikigai» en chino suelen arrojar aproximaciones o explicaciones tomadas de otros idiomas, en lugar de un término equivalente real. Los caracteres se traducen; el concepto, tal y como lo utilizan los japoneses, no se transmite intacto.
De dónde procedía el ikigai antes de que Internet lo descubriera
Antes de convertirse en un diagrama, «ikigai» era simplemente una palabra que la gente utilizaba del mismo modo que los angloparlantes usan «propósito» o «lo que te hace levantarte por la mañana», sin ceremonias ni un fundador asociado a ella. No hay ningún filósofo al que se le atribuya su invención, ni ninguna escuela de pensamiento detrás de ella. Los hablantes de japonés lo utilizan en la conversación cotidiana, del mismo modo que alguien podría decir que su jardín o sus nietos le dan ikigai. En su uso diario no conlleva ningún diagrama ni ninguna lista de verificación de cuatro puntos.
Su vínculo con Okinawa proviene de una fuente concreta: la investigación sobre la longevidad y el periodismo sobre los residentes de más edad de la isla, a quienes a menudo se les preguntaba qué les daba una razón para levantarse por la mañana. Sus respuestas, a veces sencillas y concretas, se integraron en una historia más amplia sobre la longevidad de la región. Esa historia acabó traspasando los límites de la gerontología y se introdujo en los escritos sobre bienestar general, lo cual es un debate aparte del origen del propio «ikigai». La palabra se convirtió en sinónimo de una idea de estilo de vida mucho antes de que la mayoría de los lectores anglófonos conocieran su significado literal.
En el ámbito de la investigación, los investigadores japoneses en gerontología y salud pública estudiaron el ikigai de forma más específica, como una sensación cuantificable de que la vida merece la pena entre las personas mayores. El trabajo del Proyecto Tsurugaya sobre el ikigai y la discapacidad es un ejemplo de esta línea de investigación, que examina cómo la sensación de ikigai se relaciona con los resultados de salud en las poblaciones que envejecen. Esta tradición investigadora existía mucho antes de que se configurara la versión popular occidental, y a menudo se estudiaba junto con factores de estrés y transiciones vitales más amplios que acompañan al envejecimiento.
La versión en inglés tiene su origen en algo completamente distinto: un diagrama que circuló por Internet, al que posteriormente se asoció la palabra, y una serie de libros superventas que fusionaban el ikigai con textos sobre el estilo de vida de Okinawa. El concepto de ikigai explicado de esta manera se convirtió en una herramienta de planificación profesional, no en una traducción. Vale la pena señalar claramente la secuencia: una palabra corriente, tomada en préstamo por investigadores que estudiaban el envejecimiento, y luego tomada de nuevo en préstamo por la literatura sobre orientación profesional y autoayuda en otro idioma. Para cuando llegó al inglés, la palabra ya conllevaba una imagen que ningún diccionario japonés recoge, lo cual constituye el verdadero mecanismo de la traducción errónea, y no una simplificación de la misma.
El diagrama de los cuatro círculos no es el ikigai
Si has visto alguna explicación del ikigai en Internet, probablemente te hayas topado con el diagrama de Venn: cuatro círculos superpuestos etiquetados como «lo que te apasiona», «en lo que eres bueno», «lo que el mundo necesita» y «por lo que te pueden pagar», con una pequeña diana en el centro marcada como «ikigai». Es una imagen ordenada y se lee como una hoja de trabajo de planificación profesional, porque eso es exactamente lo que es. El diagrama describe una estrategia para encontrar un trabajo satisfactorio. No describe el concepto japonés del que tomó prestado el nombre.
El círculo del trabajo remunerado es la señal más clara de que algo salió mal en la traducción. En el uso japonés, el ikigai nunca ha requerido unos ingresos, un cargo profesional ni ser útil para el mercado. Una abuela que cuida de un pequeño jardín, un profesor jubilado que recorre la misma ruta cada mañana, una persona que se recupera de una enfermedad y espera con ilusión una llamada telefónica semanal: ninguna de estas actividades tiene por qué ser rentable para contar. Exigir una remuneración convierte un sentimiento en una descripción de puesto.
El diagrama también da a entender que el ikigai es algo único, situado en una intersección, que se encuentra una vez y ya está asegurado. El significado del ikigai funciona de otra manera. Se acerca más a un conjunto de pequeñas razones cambiantes que hacen que merezca la pena levantarse cada día, no a un único destino que localizas y tachas de la lista. Reducirlo a un único punto en un gráfico aplana algo que está destinado a moverse.
Dado que el diagrama condiciona el propósito al talento y a la remuneración, excluye silenciosamente a las personas que con mayor frecuencia tienen ikigai en la vida japonesa: los jubilados, los cuidadores no remunerados, las personas con discapacidad y cualquiera que se encuentre entre un empleo y otro. No se trata de casos marginales que el modelo haya olvidado. Están cerca del centro de lo que el concepto de ikigai explicaba en su contexto original, ya que nada de ese significado dependía de un sueldo.
Nada de esto hace que los cuatro círculos sean inútiles. Como ejercicio para aclarar la trayectoria profesional, el diagrama puede ayudar de verdad a alguien a reflexionar sobre sus opciones laborales. El conflicto desaparece en cuanto dejas de interpretarlo como una traducción y empiezas a verlo como lo que realmente es: una herramienta de coaching occidental que ha reutilizado una palabra japonesa.
La traducción errónea conlleva un coste real. Una palabra que en su día describía algo más cercano a la tranquilidad, a las razones silenciosas para vivir, se convierte en otra lista de requisitos que no se cumplen. Alguien que no tenga un trabajo bien remunerado que se ajuste a sus talentos puede acabar sintiendo que carece por completo de ikigai, cuando el concepto nunca se creó para excluirle en primer lugar.
Lo que omiten las versiones occidentales: el ikigai es, sobre todo, relacional
La mayoría de las explicaciones en inglés tratan el ikigai como algo que se encuentra mirando hacia dentro. En el uso japonés, el ikigai suele apuntar en la dirección opuesta, hacia fuera, hacia otras personas. Si le preguntas a alguien en Japón qué le da sentido a su vida, es más probable que la respuesta tenga que ver con un nieto, un vecino, un grupo de clientes habituales de una tienda o un equipo que espera que acuda el jueves, que con una declaración de misión personal. El enfoque de introspección, habitual en Occidente —donde el propósito es algo que se descubre a partir de las propias preferencias y talentos—, convive con una tradición muy diferente en la que el propósito es algo que surge entre las personas.
Que te necesiten no es lo mismo que la autorrealización
En la conversación cotidiana japonesa, el ikigai va acompañado de una idea relacionada: la sensación de ser necesario, de desempeñar un papel con el que otra persona cuenta. Esto difiere de los enfoques de autorrealización, que se centran en desarrollar el propio potencial independientemente de si hay alguien más involucrado. Las investigaciones sobre el cuidado familiar en Japón ilustran bien esto, ya que muestran que los cuidadores suelen encontrar su ikigai en el acto de cuidar en sí mismo, y no en algún logro que dicho cuidado permita alcanzar. La sensación de que la vida merece la pena vivirla reside en la relación, no en una línea del currículum.
Mantener algo, no lograr algo
Por ello, el ikigai suele encontrarse en el mantenimiento más que en el logro: cuidar de una casa, mantener una rutina, sostener una relación, transmitir un oficio a alguien más joven. El estudio «Work on meaning through helping others and family connection» reveló que, para muchas personas mayores, este sentido de propósito proviene de ayudar a los demás y de mantenerse en contacto con la familia, más que de la autorrealización individual. Esto tiene una consecuencia práctica: el ikigai construido de esta manera puede sobrevivir a acontecimientos que arrasarían con un propósito basado en la carrera profesional, como la jubilación o la pérdida del empleo, porque la relación o el papel no desaparecen con el cargo. También puede perderse de formas en las que un propósito basado en la carrera profesional no lo hace, si la comunidad que lo rodea cambia, un papel llega a su fin o la gente se marcha.
Para los lectores acostumbrados a los marcos individualistas, esto sugiere centrarse en los compromisos y el sentido de pertenencia, en lugar de realizar otra ronda de introspección. También explica por qué la soledad y la falta de un sentido de propósito suelen aparecer en la misma conversación, ya que un propósito basado en sentirse necesario depende de que haya alguien ahí que te necesite. Esto se solapa con la autoestima y el sentido de la propia valía, ya que es difícil separar por completo el sentirse valorado por los demás y el sentirse valioso para uno mismo.
Lo que los investigadores miden realmente cuando estudian el ikigai
Una vez que el ikigai salió de Japón y se convirtió en una palabra de moda en el ámbito del bienestar, la investigación que lo respalda se hizo más difícil de encontrar entre tantos diagramas. Pero existe un corpus de trabajo real al respecto, y plantea preguntas más concretas y verificables de lo que sugiere la versión del diagrama de Venn. Saber qué mide realmente esa investigación te ayuda a distinguir el concepto de ikigai explicado por los científicos del concepto de ikigai explicado por los especialistas en marketing.
Cómo se mide el ikigai en los estudios
La mayoría de los estudios no deducen el ikigai a partir de un gráfico. Preguntan directamente a las personas, a menudo con una pregunta sencilla sobre si tienen algo que haga que la vida merezca la pena, a veces acompañada de escalas que miden el compromiso diario y la satisfacción con los propios roles. Un estudio de métodos mixtos sobre el ikigai y el bienestar en personas mayores lo midió a través de la actividad social voluntaria y el estado de salud, en lugar de los logros profesionales, lo cual constituye una unidad de análisis muy diferente a la de «encuentra tu pasión». Esa distinción es importante para el significado del ikigai en términos de investigación: se acerca más a una sensación interior contrastada con la vida cotidiana que a un título que alguien posea.
A qué lo vincula la investigación y qué no puede demostrar
El mismo trabajo de métodos mixtos reveló que el ikigai se solapa con constructos occidentales como el «sentido de la vida» y el «propósito de la vida», aunque no es idéntico a ellos, y los investigadores siguen debatiendo en qué medida el concepto conserva su esencia al traducirse a esos marcos conceptuales. Las asociaciones descritas se agrupan en torno a los hábitos de salud, el bienestar mental (incluidos patrones relevantes para los trastornos del estado de ánimo), la independencia funcional en la vejez y el riesgo de mortalidad. El Estudio Colaborativo de Cohortes de Japón reveló un menor riesgo de mortalidad entre las personas que afirmaban tener ikigai. Se trata de una asociación, no de una prueba de que el ikigai en sí mismo alargue la vida. Gran parte de esta investigación es observacional y se ha llevado a cabo en Japón, lo que limita la fiabilidad con la que los resultados pueden generalizarse a otros contextos.


