El impacto económico de COVID-19 afectó significativamente a la salud mental de los hombres debido a la pérdida de empleo y a la inestabilidad financiera, y las investigaciones muestran un aumento de los niveles de depresión, ansiedad y estrés, especialmente entre quienes experimentan un declive económico, aunque la terapia profesional puede ayudar a afrontar estos retos mediante apoyo emocional específico y estrategias de afrontamiento.
Cuando desaparece la seguridad laboral, ¿se siente también amenazada la masculinidad? El impacto económico de COVID en la salud mental de los hombres revela una crisis oculta en la que el estrés financiero se une a la identidad, y pone en tela de juicio todo lo que creíamos saber sobre cómo afrontan los hombres los problemas de salud mental. Comprender esta conexión podría ser la clave para apoyar mejor a los hombres en sus dificultades económicas y emocionales.
COVID y la salud mental de los hombres: El impacto económico en el bienestar
Según Mental Health America, más de seis millones de hombres sufren depresión cada año en Estados Unidos y más de tres millones padecen trastornos de ansiedad. Aunque los problemas de salud mental afectan a todos, las investigaciones indican que los hombres tienen especiales dificultades para hablar de estos temas, posiblemente debido a los estereotipos tradicionales de masculinidad y al estigma persistente.
Un notable estudio de Dorit Hadar-Shovil aporta valiosas ideas sobre cómo el impacto económico de la pandemia del COVID-19 afectó a la salud mental de los hombres y a su percepción de la masculinidad. Estudios como éste mejoran nuestra comprensión de los enfoques eficaces de tratamiento de la salud mental de los hombres.
La conexión entre la salud mental de los hombres y la situación económica
La masculinidad tradicional suele definir a los hombres como sostén de la familia y proveedores, lo que crea una estrecha relación entre su autoestima, su salud mental y su situación económica. Se considera que los hombres que mantienen un empleo estable y tienen éxito económico cumplen con éxito su papel masculino. En consecuencia, la pérdida del empleo o la reducción de los ingresos pueden afectar significativamente al bienestar mental de los hombres.
Esta expectativa de ser el sostén de la familia crea cargas únicas para los hombres desempleados. Un informe reciente del IZA World of Labor muestra un número creciente de hombres en edad de trabajar fuera de la población activa en todo el mundo, acompañado de un aumento de los problemas de salud mental, como la depresión, el estrés y la ira. El desempleo masculino también está relacionado con numerosos problemas de salud física.
Losinvestigadores creen que la posición social desempeña un papel fundamental en el impacto del desempleo, ya que la autoimagen y la autoestima de los hombres de clase trabajadora suelen girar en torno a una fuerte ética del trabajo. Esta conexión hace que el desempleo sea especialmente estigmatizante para los hombres de clase trabajadora en comparación con otros grupos. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, este problema es especialmente pronunciado en Estados Unidos, donde la participación laboral de los hombres en edad de trabajar es una de las más bajas del mundo.
El impacto de la pandemia en la salud mental
Cuando el 11 de marzo de 2020 la Organización Mundial de la Salud declaró el COVID-19 crisis sanitaria mundial, el virus no sólo trajo consigo altas tasas de infección y mortalidad, sino también una recesión económica sin precedentes. Los mandatos de distanciamiento social y los requisitos de aislamiento dejaron a muchos sin trabajo, lo que provocó un aumento del desempleo del 3,5% al 14,7% en abril de 2020.
La combinación de desempleo, enfermedad y miedo generalizado generó una gran angustia y problemas de salud mental. Las investigaciones previas a la pandemia sobre el impacto psicológico de los brotes de enfermedades mostraron que las poblaciones afectadas suelen manifestar miedo, ansiedad e impotencia, independientemente de la exposición directa. Los trastornos sociales, como el cierre de escuelas y negocios, intensificaron aún más estas experiencias negativas.
En consonancia con estudios anteriores sobre pandemias, las investigaciones sobre COVID-19 revelaron niveles elevados de ansiedad, depresión, estrés, trastornos alimentarios y deterioro general de la salud mental.
Dado que la COVID-19 sigue causando problemas de salud mental en todo el mundo, resulta esencial identificar a los individuos y grupos de alto riesgo. Las investigaciones actuales demuestran que la angustia de los hombres, que puede ser difícil de detectar, se hace más evidente cuando se utilizan medidas estandarizadas y se analizan patrones en lugar de simplemente examinar medias y frecuencias. La crisis COVID-19 ofrece una oportunidad única para profundizar en nuestra comprensión de la salud mental de los hombres.
La salud mental de los hombres durante la pandemia de COVID-19
La investigación presenta hallazgos contradictorios con respecto a las diferencias de género en los impactos de salud mental relacionados con la pandemia. Mientras que algunos estudios sugieren que las mujeres experimentaron un mayor deterioro de la salud mental, otros indican que los hombres sufrieron al menos por igual. Por ejemplo, a pesar de que las mujeres reciben diagnósticos de depresión con mucha más frecuencia, los hombres mueren por suicidio en mayor proporción.
Estas discrepancias pueden deberse a las distintas formas que tienen los hombres de experimentar y expresar estados emocionales debido a procesos hormonales y diferencias en la estructura cerebral. Los hombres pueden experimentar ansiedad, depresión, estrés y alimentación emocional en proporciones similares a las de las mujeres, pero los métodos diagnósticos actuales no suelen captar estas experiencias, lo que puede dar lugar a un malestar infradiagnosticado.
Esta brecha diagnóstica se debe en parte a que los hombres suelen expresar las emociones de forma diferente. Algunos hombres reprimen las emociones y «enmascaran» los síntomas depresivos mediante el consumo de sustancias u otras conductas externalizantes que tradicionalmente no se asocian con la depresión. Además, la socialización de género puede disuadir a los hombres de reportar ciertos síntomas emocionales, contribuyendo aún más a las condiciones de salud mental subdiagnosticadas.
Investigación sobre COVID-19 y salud mental
En el estudio de Hadar-Shovil participaron 1.807 adultos de entre 18 y 75 años reclutados por Internet, sin criterios de exclusión. En la muestra predominaban las mujeres, con una edad media de 40 años y un nivel educativo medio de 14,87 años. La mayoría de los participantes vivía en zonas urbanas y tenía trabajo, aunque el 31,7% declaró un deterioro económico significativo desde el inicio de la pandemia.
La encuesta en línea voluntaria evaluó las características demográficas y los retos psicológicos y conductuales recientes durante la pandemia. Todos los participantes dieron su consentimiento por escrito.
Los investigadores propusieron tres hipótesis:
- El deterioro de la salud mental diferiría entre géneros, y las mujeres presentarían niveles más elevados.
- La salud mental se correlacionaría con el deterioro de la situación económica, y las personas que experimentan un declive económico significativo presentarían un mayor deterioro.
- Las diferencias de género en la salud mental serían sustanciales entre aquellos cuya situación económica se mantuviera estable, pero disminuirían significativamente entre los que experimentaran un deterioro económico.
Conclusiones del estudio
La pandemia afectó sustancialmente a la salud mental de los participantes:


