Qué efectos tiene realmente la catatonia en el cerebro y el cuerpo

PsicosisSeptember 1, 202625 min de lectura
Qué efectos tiene realmente la catatonia en el cerebro y el cuerpo

La catatonia es un síndrome psicomotor altamente tratable que altera las vías cerebrales de la intención motora en trastornos del estado de ánimo, enfermedades autoinmunes y otras causas psiquiátricas; además, el miedo, la desorientación y el dolor que experimentan los pacientes y sus cuidadores tras un episodio suelen mejorar con un apoyo terapéutico estructurado y basado en la evidencia.

La catatonia es una de las situaciones más aterradoras a las que puede enfrentarse una familia, pero también una de las urgencias psiquiátricas más tratables de la medicina moderna. Esa brecha entre su apariencia y su respuesta al tratamiento es precisamente lo que este artículo pretende cerrar.

¿Qué es la catatonia?

La catatonia puede resultar aterradora. Una persona puede dejar de moverse por completo, quedarse con la mirada perdida durante horas o mantener una postura inusual sin parecer consciente en absoluto del mundo que la rodea. Es fácil entender por qué esto puede dar la sensación de estar viendo cómo alguien desaparece. Pero esto es lo más importante: la catatonia es una de las urgencias psiquiátricas agudas más tratables de la medicina moderna. Las benzodiazepinas, el tratamiento de primera línea, producen una respuesta en aproximadamente el 70-80 % de los casos, según la investigación clínica sobre las benzodiazepinas y la terapia electroconvulsiva como tratamientos de primera línea para la catatonia. Cuando las benzodiazepinas no son suficientes, la terapia electroconvulsiva (TEC) resulta eficaz en aproximadamente el 85-90 % de los casos. Incluso en su forma más peligrosa, la catatonia maligna, el tratamiento moderno ha reducido la mortalidad de más del 50 % a menos del 10 %.

La catatonia es un síndrome psicomotor, lo que significa que altera la conexión entre el pensamiento y el movimiento. No es un diagnóstico independiente. En el DSM-5-TR, el manual que utilizan los médicos para diagnosticar trastornos de salud mental, la catatonia aparece como un especificador: un descriptor que puede añadirse a otros diagnósticos, en lugar de ser un trastorno independiente. Los criterios diagnósticos del DSM-5-TR estiman que la catatonia afecta al 5-20 % de los pacientes psiquiátricos hospitalizados, lo que la hace mucho más común de lo que la mayoría de la gente cree.

Cómo se manifiesta realmente la catatonia

Los síntomas de la catatonia se agrupan en varias categorías, y no todos ellos se ajustan a la imagen de alguien paralizado en el sitio. El trastorno puede manifestarse como:

  • Estupor y mutismo: la persona deja de responder en gran medida y deja de hablar
  • Rigidez y posturas fijas: el cuerpo mantiene posiciones rígidas o inusuales durante largos periodos de tiempo
  • Flexibilidad cerosa: otra persona puede cambiar la posición de las extremidades de la persona afectada y estas permanecerán en esa posición, como si fueran de cera blanda
  • Ecopraxia y ecolalia: imitación automática de los movimientos o las palabras de otra persona
  • Agitación extrema: actividad motora frenética y sin sentido que puede parecer lo contrario a estar paralizado

Vale la pena hacer hincapié en este último punto. La catatonia no siempre implica inmovilidad. El subtipo agitado puede implicar movimientos intensos e incontrolados, razón por la cual a veces se pasa por alto o se malinterpreta esta afección.

La catatonia no es solo un síntoma de la esquizofrenia

Durante décadas, se dio por sentado que la catatonia era un rasgo de la esquizofrenia. Esa suposición está desfasada. Las investigaciones demuestran que, en realidad, la catatonia se da con mayor frecuencia junto con trastornos del estado de ánimo, como el trastorno bipolar y el trastorno depresivo mayor, que con la esquizofrenia. También puede derivarse de enfermedades autoinmunes, alteraciones metabólicas y causas tóxicas o relacionadas con el consumo de drogas. Comprender este panorama más amplio es el primer paso para reconocer la catatonia por lo que realmente es: un síndrome neuropsiquiátrico bien caracterizado con una vía clara hacia el tratamiento.

¿Qué causa la catatonia?

La catatonia no tiene una única causa. Puede surgir de una amplia gama de trastornos psiquiátricos, neurológicos y médicos, lo que contribuye en parte a que se malinterprete con tanta frecuencia. Conocer el panorama completo ayuda a los cuidadores y a los pacientes a conseguir el diagnóstico correcto más rápidamente.

Trastornos psiquiátricos relacionados con la catatonia

Contrariamente a la creencia popular, la esquizofrenia dista mucho de ser el desencadenante psiquiátrico más común. El trastorno bipolar, especialmente durante episodios maníacos o mixtos, es una de las principales causas psiquiátricas. El trastorno depresivo mayor también puede producir estados catatónicos, sobre todo en episodios graves en los que la persona se vuelve profundamente retraída o no responde a los estímulos.

Los trastornos del espectro esquizofrénico sí conllevan un riesgo, pero representan una proporción menor de los casos de lo que mucha gente supone. El trastorno del espectro autista (TEA) es otra causa importante. Las investigaciones de la National Autistic Society muestran que la catatonia afecta, según las estimaciones, a entre el 12 y el 17 por ciento de los adolescentes y adultos autistas, y suele manifestarse como un aumento gradual de las dificultades de movimiento y episodios de inmovilidad.

Causas médicas y autoinmunes

Algunos de los episodios catatónicos más graves tienen orígenes puramente médicos. La encefalitis autoinmune, en particular la encefalitis anti-receptor NMDA (una afección en la que el sistema inmunitario ataca por error a los receptores cerebrales), es un desencadenante bien documentado. Las infecciones que afectan al cerebro, las alteraciones metabólicas como la encefalopatía hepática (disfunción cerebral relacionada con el hígado) y los desequilibrios electrolíticos, así como los trastornos endocrinos como la disfunción tiroidea, pueden producir síntomas catatónicos.

La exposición a sustancias tóxicas también es importante. La abstinencia brusca de benzodiazepinas o de medicamentos dopaminérgicos —que regulan la señalización de la dopamina en el cerebro— es una causa reconocida. Ciertas interacciones farmacológicas también pueden llevar a una persona vulnerable a un estado catatónico. Por eso, un estudio médico exhaustivo siempre forma parte de una atención responsable de la catatonia.

Por qué es erróneo y perjudicial dar por sentado que la catatonia equivale a esquizofrenia

La suposición de que la catatonia equivale a esquizofrenia no solo es inexacta, sino que puede retrasar un tratamiento que podría salvar vidas. El DSM-5 desvinculó formalmente la catatonia de la esquizofrenia, reconociéndola como un síndrome que abarca una amplia gama de trastornos psiquiátricos, tóxicos, metabólicos e inmunológicos. Calificar la catatonia de una persona como un síntoma de esquizofrenia cuando la causa real es una enfermedad autoinmune o una interacción farmacológica significa que el problema subyacente queda sin tratar.

En hasta un 20 % de los casos, no se identifica de inmediato una causa única y clara. Esa incertidumbre no altera el enfoque terapéutico. Los médicos tratan la catatonia directamente mientras continúan investigando la causa subyacente, ya que ambos problemas merecen atención al mismo tiempo.

¿Qué ocurre en el interior del cerebro durante la catatonia?

Para comprender la catatonia, resulta útil partir de una única sustancia química cerebral: el GABA. El GABA es el principal neurotransmisor inhibidor del cerebro, lo que significa que su función es calmar la actividad neuronal y mantener la transmisión de señales fluida y controlada. Cuando los receptores GABA-A dejan de funcionar correctamente —una afección que los investigadores denominan «hipofunción GABA-A»—, el cerebro pierde su capacidad para regular la planificación y la ejecución motora. Según las investigaciones sobre la deficiencia de GABA y la hiperactividad del glutamato como mecanismos neuroquímicos de la catatonia, este fallo en la señalización inhibitoria es un factor clave del estado catatónico, razón por la cual los tratamientos que restauran la actividad del GABA funcionan de manera tan fiable.

Piensa en un disyuntor: el cuadro eléctrico de tu casa evita que una sobrecarga eléctrica destruya tus electrodomésticos haciendo saltar el disyuntor y cortando el suministro. La catatonia funciona de manera similar. Cuando las vías de la intención motora del cerebro se ven desbordadas o desreguladas, el sistema se dispara, bloqueando el movimiento voluntario o inundando el cuerpo con una actividad repetitiva y sin sentido como respuesta protectora. No se trata de una elección psicológica ni de un signo de debilidad. Es un fallo a nivel de circuito que el cerebro, de forma desorganizada, intenta gestionar.

El circuito específico implicado conecta tres áreas clave: la corteza prefrontal, los ganglios basales y el tálamo. Juntas, estas regiones forman un circuito que traduce la intención en acción. Las investigaciones de neuroimagen que identifican la hiperperfusión del área motora suplementaria como marcador de la catatonia muestran una desregulación medible precisamente en estas vías de la intención motora. Cuando este circuito cortical-subcortical se interrumpe, la transformación de la intención en acción falla, y la persona queda paralizada, agitada o ambas cosas.

Esto también explica por qué las benzodiazepinas son el tratamiento de primera línea. Restablecen eficazmente el «disyuntor» que se ha disparado, recuperando la señalización inhibitoria que el cerebro había perdido. La prueba de provocación con lorazepam, en la que un médico administra una dosis pequeña y observa si se produce una mejoría rápida, funciona tanto como prueba diagnóstica como tratamiento precisamente por esta razón.

Y lo más importante: se trata de una alteración funcional, no de un daño cerebral estructural. La arquitectura del cerebro permanece intacta. Cuando se corrige la neuroquímica, la función se restablece. La catatonia parece permanente desde fuera, pero a nivel biológico es un estado del que el cerebro puede salir.

Signos y síntomas de la catatonia

La mayoría de la gente se imagina la catatonia como una persona inmovilizada, completamente indiferente al mundo que la rodea. Esa imagen es real, pero solo refleja una parte de la realidad. La catatonia abarca una amplia gama de comportamientos, y pasar por alto los signos menos conocidos es precisamente lo que hace que la afección pase desapercibida y no se trate.

Cuando la catatonia se manifiesta como inmovilidad

La forma más silenciosa e hipocinética de la catatonia es lo que los médicos denominan a veces «presentación retardada». Una persona que la padece puede caer en un estado de estupor, lo que significa que parece estar despierta, pero no responde a las voces, al tacto ni al dolor. Puede dejar de hablar por completo (mutismo), mantener una postura corporal inusual durante un tiempo inquietantemente prolongado sin parecer notar incomodidad (postura fija) o permitir que le muevan las extremidades a una nueva posición y permanecer así, como si fuera cera blanda que se moldea (flexibilidad cerosa). Algunas personas dejan de comer, beber o establecer contacto visual. Es habitual que dejen de ocuparse de sus necesidades básicas. Para un cuidador que observa desde la puerta, puede parecer una depresión grave, un colapso físico o incluso un silencio deliberado.

Cuando la catatonia se asemeja a la agitación

La catatonia también puede manifestarse de forma opuesta. La presentación excitada e hipercinética implica una agitación impulsiva y sin sentido que no parece estar relacionada con ningún objetivo o emoción claros. Una persona puede repetir la misma frase sin sentido una y otra vez (lo que se denomina «verbigeración»), realizar movimientos o gestos repetitivos (estereotipias), hacer muecas continuamente o mostrarse agresiva cuando alguien se le acerca. Esta versión de la catatonia se confunde con frecuencia con un episodio maníaco, una psicosis aguda o una intoxicación por drogas. Algunas personas alternan entre el estupor y la agitación en el transcurso de un mismo día, lo que hace que el patrón sea aún más difícil de identificar sin una evaluación estructurada.

Qué mide la escala de Bush-Francis en lenguaje sencillo

Los médicos utilizan la Escala de Valoración de la Catatonia de Bush-Francis para detectar y valorar la gravedad de la catatonia. Abarca 23 ítems que abarcan tanto las manifestaciones hipocinéticas como las hipercinéticas. Algunos de esos ítems se traducen directamente en lo que un cuidador podría observar junto a la cama del paciente:

  • Postura: mantener una posición inusual, como un brazo extendido o la cabeza inclinada, durante un minuto o más sin aparente malestar
  • Negativismo: resistirse a cualquier intento de ser movido o examinado, incluso cuando la persona no explica por qué
  • Ambitendencia: iniciar un movimiento, detenerlo, volver a iniciarlo y no completarlo nunca, como si estuviera atrapado en un bucle
  • Ecopraxia: imitar automáticamente los movimientos de quien se encuentre cerca

La evaluación a pie de cama que utiliza esta escala solo lleva unos minutos. La catatonia suele pasarse por alto no porque sea sutil, sino porque los médicos no la evalúan de forma rutinaria. Identificarla a tiempo puede cambiar por completo el curso del tratamiento.

¿Cómo se diagnostica la catatonia?

A diferencia de muchas afecciones médicas, la catatonia no se detecta en una resonancia magnética ni en un análisis de sangre. El diagnóstico se realiza junto a la cama del paciente, mediante observación clínica directa. Según el DSM-5, un profesional sanitario debe identificar al menos 3 de las 12 características especificadas, como el estupor, el mutismo, las posturas rígidas, la flexibilidad cerosa o la estereotipia, antes de que se pueda confirmar un diagnóstico de catatonia. Esto convierte al ojo entrenado del profesional sanitario en la herramienta diagnóstica más importante de la consulta.

En los servicios de urgencias y de hospitalización, este proceso se desarrolla con rapidez. Un psiquiatra o un neurólogo examina al paciente, documenta qué características están presentes y, a continuación, pasa casi de inmediato al siguiente paso: una prueba que es, al mismo tiempo, el primer tratamiento.

La prueba de provocación con lorazepam: una prueba de 30 minutos que también constituye el primer tratamiento

La prueba de provocación con lorazepam es uno de los procedimientos más elegantes de la psiquiatría. El médico administra de 1 a 2 mg de lorazepam (un sedante benzodiazepínico) por vía intravenosa y, a continuación, vuelve a examinar al paciente en un plazo de entre 5 y 30 minutos. Si los signos catatónicos mejoran notablemente, esa respuesta confirma el diagnóstico. La prueba y el tratamiento tienen lugar en el mismo intervalo de 30 minutos.

¿Cómo se manifiesta realmente una respuesta positiva? Un paciente que estaba mudo puede empezar a hablar. Una mirada fija y ausente puede volver a establecer contacto visual. Las extremidades rígidas pueden relajarse. Las posturas inusuales pueden desaparecer. En algunos casos, el cambio es espectacular: una persona que parecía completamente inaccesible empieza a responder a las preguntas en cuestión de minutos. Tal y como se describe en el diagnóstico clínico y el tratamiento de la catatonia, este tipo de evaluación rápida y multidisciplinar es fundamental en el enfoque que la neuropsiquiatría moderna da a esta afección.

El médico documenta exactamente qué síntomas han mejorado y en qué medida, estableciendo así una línea de referencia que orienta todas las decisiones terapéuticas posteriores.

Descartar afecciones que imitan la catatonia

El síndrome neuroléptico maligno (SNM) está provocado por los fármacos antipsicóticos y comparte características como la rigidez y la alteración de la conciencia, pero el SNM también produce una inestabilidad autonómica distintiva: fiebre, sudoración y fluctuaciones peligrosas de la presión arterial y la frecuencia cardíaca. Algunos antipsicóticos que, en otras circunstancias, podrían considerarse como opción, pueden agravar la catatonia, por lo que es fundamental descartar primero el SMS.

El síndrome serotoninérgico y el estado epiléptico (actividad convulsiva prolongada) también pueden producir estados alterados que se asemejan a la catatonia. Un EEG ayuda a descartar la actividad convulsiva, mientras que un historial farmacológico detallado permite confirmar o descartar el síndrome serotoninérgico.

Se siguen solicitando análisis de laboratorio y pruebas de imagen, no para diagnosticar la catatonia, sino para encontrar la causa subyacente. Los paneles autoinmunes, los estudios metabólicos, la resonancia magnética y el EEG ayudan a identificar si algo como la encefalitis anti-receptor NMDA, una crisis tiroidea u otra afección tratable está provocando el episodio. El tratamiento de la causa subyacente es lo que hace posible la recuperación a largo plazo.

Por qué los antipsicóticos pueden empeorar la catatonia y qué decir al personal de urgencias

Uno de los hechos clínicamente más urgentes sobre la catatonia es también uno de los menos conocidos: los medicamentos antipsicóticos, que se utilizan habitualmente en las urgencias psiquiátricas, pueden, de hecho, agravar la catatonia y aumentar el riesgo de complicaciones potencialmente mortales. Entender por qué ocurre esto y saber cómo comunicarlo con calma en una situación de urgencia podría marcar una diferencia significativa para un ser querido.

Cómo interfieren los antipsicóticos en el tratamiento de la catatonia

Los fármacos antipsicóticos actúan bloqueando los receptores D2 de dopamina en el cerebro. En la mayoría de las emergencias psiquiátricas, ese es precisamente el objetivo. La catatonia, sin embargo, implica una alteración en los circuitos motores y conductuales que dependen de la señalización de la dopamina para funcionar. Cuando se bloquean los receptores D2 durante una catatonia activa, esa alteración puede agravarse, lo que podría prolongar el episodio o desencadenar una escalada peligrosa denominada síndrome neuroléptico maligno (SNM), una afección grave que se caracteriza por fiebre alta, rigidez muscular y compromiso orgánico.

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Una revisión sistemática sobre el uso de antipsicóticos en la catatonia sin psicosis no encontró pruebas suficientes que respaldaran la administración de antipsicóticos en pacientes catatónicos que no padecen un trastorno psicótico subyacente, y planteó preocupaciones sobre el empeoramiento de los resultados cuando se administran antipsicóticos durante estados catatónicos activos. Esto refleja un consenso clínico cada vez mayor en el sentido de que la catatonia debe tratarse en primer lugar, antes de introducir antipsicóticos.

Esto es especialmente importante porque la catatonia suele aparecer en personas con trastornos del estado de ánimo. Una persona que padece catatonia puede tener una afección subyacente como la depresión, en lugar de un trastorno psicótico, lo que hace que los antipsicóticos sean aún menos adecuados como primera respuesta. Incluso cuando una persona padece una afección como la esquizofrenia que, con el tiempo, requiere tratamiento antipsicótico, el principio clínico general es resolver primero la catatonia, normalmente con benzodiazepinas, antes de reintroducir dichos medicamentos.

Lo que los familiares pueden decir al personal de urgencias

Los médicos de urgencias gestionan situaciones que evolucionan rápidamente y en las que hay mucho en juego. No son adversarios, y abordar esto como una colaboración, y no como una confrontación, será lo mejor para tu familiar. No es necesario que recites estudios de investigación. Solo necesitas unas pocas frases tranquilas y concretas.

Aquí tienes algunas frases que puedes adaptar:

  • «Queremos asegurarnos de que se haya tenido en cuenta la catatonia antes de administrar antipsicóticos. ¿Es posible realizar primero una prueba con lorazepam para ver si se trata de eso?»
  • «Nuestro familiar padece [enfermedad], pero hemos leído que los antipsicóticos a veces pueden agravar la catatonia. ¿Podría el equipo valorar si eso supone un motivo de preocupación en este caso?»
  • «No pretendemos dirigir el tratamiento; solo queremos señalar esto para que el equipo tenga una visión completa de la situación».

Estas frases cumplen tres funciones: expresan la preocupación con precisión, invitan a que se aplique el criterio clínico en lugar de pasar por alto este, y mantienen un tono respetuoso en la conversación. Los médicos de urgencias suelen agradecer las aportaciones informadas de los familiares cuando se ofrecen sin tono de confrontación.

Todas las decisiones terapéuticas corresponden al equipo médico responsable del tratamiento. Esta información tiene como objetivo ayudarte a formular mejores preguntas, no sustituir la evaluación clínica profesional.

Cómo se trata la catatonia y cómo es realmente la recuperación

Desde fuera, la catatonia puede parecer permanente. La inmovilidad, el silencio, la ausencia de la persona que conoces… puede dar la sensación de que nada llega a ella. Sin embargo, la catatonia es uno de los síndromes psiquiátricos que mejor responden al tratamiento en medicina, y comprender en qué consiste realmente el tratamiento ayuda a establecer expectativas realistas tanto para los pacientes como para las familias.

Las benzodiazepinas como tratamiento de primera línea

El primer tratamiento al que recurren los médicos es una clase de medicamentos llamados benzodiazepinas, normalmente el lorazepam. Las benzodiazepinas actúan potenciando la actividad de los receptores GABA-A del cerebro, receptores que regulan la señalización inhibitoria, la cual se ve alterada en los estados catatónicos. El detalle fundamental aquí es cómo se administran estos medicamentos. Lo que funciona es la administración programada de dosis elevadas, no la administración «a demanda». Cuando el lorazepam se administra siguiendo un horario fijo, mantiene un nivel constante de apoyo del GABA-A en el cerebro, lo que permite que el estado catatónico comience a remitir. Administrarlo solo cuando los síntomas parecen graves es como intentar llenar una bañera con el desagüe abierto.

Según las investigaciones sobre las benzodiazepinas como tratamiento de primera línea y la TEC como tratamiento de segunda línea para la catatonia, este enfoque secuencial refleja el estándar clínico actual de atención. Muchos pacientes muestran una respuesta significativa en un plazo de horas a unos pocos días tras iniciar el tratamiento.

ECT para la catatonia refractaria

Cuando las benzodiazepinas no producen una respuesta adecuada en unos pocos días, la terapia electroconvulsiva (TEC) se convierte en el siguiente paso de referencia. La TEC tiene una tasa de respuesta de aproximadamente entre el 85 y el 90 por ciento en la catatonia refractaria, es decir, en los casos que no han respondido a la medicación. La TEC moderna se realiza bajo anestesia general, con una estimulación eléctrica cuidadosamente controlada y una monitorización médica continua. No se parece en casi nada a cómo se representaba en las películas antiguas. Para las personas con catatonia grave o prolongada, la TEC puede salvarles la vida de verdad, y la misma evidencia revisada por pares que respalda la secuencia de tratamiento con benzodiazepinas también documenta el papel consolidado de la TEC cuando el tratamiento de primera línea resulta insuficiente.

El proceso de recuperación: semana a semana

La recuperación de la catatonia suele seguir una trayectoria reconocible, aunque los plazos individuales varían. En las primeras horas o días, las benzodiazepinas administradas de forma programada suelen producir los primeros signos de movimiento y capacidad de respuesta. A lo largo de la primera o segunda semana, la mayoría de las personas alcanzan una estabilización significativa, y las funciones motoras y verbales se recuperan de forma más constante. La estabilización completa suele tardar entre una y tres semanas, dependiendo de la gravedad del episodio y de la afección subyacente que lo provoque.

Es habitual que persista la fatiga tras la resolución de la fase aguda. Son típicas las lagunas de memoria respecto al propio episodio catatónico, y muchas personas recuerdan poco o nada del periodo en el que no respondían. Esa desorientación, tanto para el paciente como para su familia, merece una atención especial. A menudo se presta poca atención al procesamiento emocional: las familias que presenciaron el episodio pueden arrastrar su propio miedo y dolor, y los pacientes pueden sentirse confundidos, asustados o desconectados de una experiencia que no pueden recordar por completo.

La prevención de recaídas se centra en tratar la afección subyacente de forma cuidadosa y constante, estar atentos a los signos de alerta tempranos y mantener una comunicación abierta entre el paciente, los familiares y el equipo de tratamiento. Si tú o un ser querido estáis procesando las secuelas emocionales de un episodio catatónico, hablar con un terapeuta titulado de ReachLink es gratuito al principio y se desarrolla totalmente a vuestro propio ritmo.

Lo que tu ser querido está (y no está) experimentando durante la catatonia

Una de las preguntas más aterradoras a las que se enfrentan los cuidadores es profundamente humana: ¿es mi ser querido consciente de lo que está pasando? La respuesta sincera es que varía, y lo que sabemos, tanto por los relatos de los pacientes como por la investigación cerebral, es más tranquilizador de lo que cabría esperar.

Muchas personas que se recuperan de un estupor catatónico describen haber tenido cierto grado de conciencia durante el episodio. Algunas recuerdan haber oído las voces de sus familiares, haber sentido una mano en el brazo o haber experimentado emociones que no podían expresar. Otras describen algo más parecido a una niebla onírica o a un estado de vacío, sin apenas recuerdo del episodio. No existe una experiencia única y universal, y el mundo interior de tu ser querido durante la catatonia puede ser algo que solo él o ella pueda describir tras la recuperación.

La investigación en neuroimagen aporta una perspectiva importante a este panorama. Las exploraciones cerebrales de personas en estupor catatónico sugieren que la actividad cortical, incluida la de las regiones relacionadas con la conciencia y la percepción, puede permanecer activa incluso cuando el cuerpo no responde en absoluto. En otras palabras, el cerebro no se apaga. Lo que parece verse interrumpida es la vía entre la intención y la respuesta motora, el mecanismo que traduce el pensamiento en movimiento o en habla.

En cuanto a la cuestión del sufrimiento: algunos pacientes sí informan de angustia tras la recuperación, y describen como aterradora la experiencia de estar conscientes pero incapaces de responder. Otros describen sentirse emocionalmente apagados o distantes. Ambas respuestas son válidas, y no se debe dar ninguna por sentada.

Cómo estar presente junto a la cama del paciente

Teniendo en cuenta lo que sabemos, el enfoque más compasivo es comportarse como si tu ser querido pudiera oír y sentirlo todo. Háblale directamente, no hables de él. Utiliza su nombre. Explícale lo que está sucediendo con sus cuidados en términos sencillos y tranquilos. Tómale de la mano si es apropiado. Evita las conversaciones paralelas junto a la cama que le traten como si estuviera ausente, porque puede que no lo esté.

Tras la recuperación, tu ser querido puede necesitar tiempo y apoyo terapéutico para procesar lo que ha vivido. Las reacciones pueden ir desde la confusión y el duelo hasta la ira o el alivio, a veces todo a la vez. Estar preparado para ese abanico de emociones, sin presionar para obtener una respuesta concreta, es una de las cosas más significativas que puedes ofrecer.

¿Es peligrosa la catatonia?

La catatonia puede ser grave, y es importante ser sincero al respecto. Los riesgos son reales, pero también se conocen bien y, en la mayoría de los casos, se pueden prevenir. Lo que hace que la catatonia sea peligrosa no es ninguna característica que la sitúe fuera del alcance del tratamiento. Es la brecha entre cómo se manifiesta la catatonia y cómo la reconocen los médicos.

Cuándo la catatonia se convierte en una urgencia médica

La forma más grave es la catatonia maligna, un cuadro que pone en peligro la vida y que se caracteriza por fiebre alta, rigidez muscular extrema, presión arterial y frecuencia cardíaca inestables (un conjunto de síntomas denominado «inestabilidad autonómica») y una disminución significativa del nivel de conciencia. No se trata de una emergencia psiquiátrica solo de nombre. Las personas con catatonia maligna suelen requerir cuidados de unidad de cuidados intensivos (UCI), y su estado puede deteriorarse rápidamente sin la intervención adecuada.

Históricamente, la catatonia maligna no tratada presentaba tasas de mortalidad superiores al 50 %. Con los tratamientos modernos, concretamente las benzodiazepinas y la TEC, esa cifra se ha reducido a menos del 10 %. Este cambio refleja lo que se puede lograr cuando la afección se identifica correctamente y se trata con prontitud.

Complicaciones de la inmovilidad prolongada

Incluso en los casos que no alcanzan el umbral maligno, las consecuencias físicas de permanecer inmóvil durante horas o días pueden ser graves. Prevenir la trombosis venosa profunda (TVP), las úlceras por presión y los déficits nutricionales en las personas que padecen catatonia es una parte fundamental del manejo médico adecuado, ya que estas complicaciones no se desarrollan de forma inevitable. Se producen cuando la catatonia no se reconoce o no se trata.

Entre los riesgos se incluyen la trombosis venosa profunda (TVP, o coágulos de sangre que se forman en las piernas), la embolia pulmonar (cuando un coágulo se desplaza hasta los pulmones), la neumonía por aspiración, las úlceras por presión derivadas de la inmovilidad prolongada, la deshidratación y la rabdomiólisis (degradación muscular que puede dañar los riñones). Las investigaciones sobre la trombosis venosa profunda como complicación grave de la inmovilidad catatónica también ilustran cómo la TEC puede ser una opción que salva vidas cuando los fármacos por sí solos no son suficientes.

El verdadero peligro es el desconocimiento

La catatonia se vuelve más peligrosa cuando se confunde con otra afección. Cuando los médicos atienden a una persona que no responde, está rígida y retraída, y lo atribuyen a una psicosis resistente al tratamiento, su instinto puede ser aumentar la medicación antipsicótica. Esa respuesta puede empeorar la catatonia de forma significativa y, en algunos casos, puede desencadenar la forma maligna.

La catatonia es muy tratable y constituye una urgencia médica. Ambas cosas son ciertas a la vez, y precisamente por eso es tan importante reconocerla. El peligro reside en la brecha entre ambas.

Superar una experiencia aterradora relacionada con la catatonia, ya sea la propia o la de un ser querido, lleva tiempo. Si buscas apoyo continuo, ReachLink te pone en contacto con un terapeuta titulado de forma gratuita, sin compromiso y al ritmo que te resulte más adecuado.

Lo que sientes tras leer esto tiene todo el sentido del mundo

La catatonia es una de esas afecciones que pueden dejar a todo el mundo —pacientes, familiares y cuidadores por igual— con una complicada mezcla de miedo, alivio, dolor y preguntas sin respuesta. Entender qué es realmente la catatonia y por qué es tratable a pesar de lo aterradora que parece no hace que la experiencia sea menos dura. Sin embargo, sí significa que ya no tienes que afrontarla sin una guía. El cerebro puede salir de este estado. Las personas se recuperan. Y la confusión y las emociones que persisten después merecen tanto cuidado como el propio episodio agudo.

Si todavía estás asimilando lo que ha pasado, o intentando averiguar qué vendrá después, no tienes por qué afrontarlo todo por tu cuenta. Puedes ponerte en contacto con un terapeuta titulado de ReachLink de forma gratuita, sin compromiso y sin presión para avanzar más rápido de lo que te parezca adecuado para ti.


Preguntas frecuentes

  • ¿Cómo se manifiesta realmente la catatonia? ¿Cómo sabría si alguien la padece?

    La catatonia es un trastorno neuropsiquiátrico que afecta al movimiento, al habla y a la capacidad de respuesta de una persona. Puede manifestarse de forma muy diferente según la persona: algunas personas se quedan completamente inmóviles y no responden, mientras que otras experimentan movimientos repetitivos y sin sentido o una agitación extrema. Entre los signos más comunes se incluyen la rigidez muscular prolongada, la mirada perdida, el mutismo (no hablar) y la incapacidad para realizar tareas básicas. Reconocer estos signos a tiempo puede marcar una gran diferencia a la hora de conseguir el apoyo adecuado.

  • ¿Puede la terapia ayudar realmente a alguien con catatonia, o se trata principalmente de un problema médico?

    La terapia puede desempeñar un papel significativo a la hora de apoyar a una persona afectada por la catatonia, especialmente a la hora de abordar los aspectos emocionales y psicológicos que a menudo acompañan o contribuyen a la afección. Aunque los síntomas físicos agudos de la catatonia suelen requerir atención médica en primer lugar, la terapia cobra especial importancia a la hora de procesar la experiencia, gestionar trastornos subyacentes como la depresión, el trastorno bipolar o la psicosis, y desarrollar estrategias de afrontamiento. Enfoques como la terapia cognitivo-conductual (TCC) pueden ayudar a los pacientes y a los cuidadores a superar el miedo, la confusión y el duelo relacionados con la afección. Un terapeuta titulado también puede ayudar a reforzar las habilidades de comunicación y regulación emocional que favorecen la recuperación a largo plazo.

  • ¿Qué ocurre realmente en el cerebro cuando alguien entra en estado catatónico?

    Durante un episodio catatónico, el cerebro parece entrar en un estado de comunicación alterada entre las regiones responsables del movimiento, las emociones y la toma de decisiones. Las investigaciones sugieren que los desequilibrios en los neurotransmisores —en particular el GABA y el glutamato— pueden influir en la interrupción de las funciones motoras y cognitivas normales. El resultado es una especie de respuesta de «congelación» en la que el cerebro y el cuerpo tienen dificultades para coordinar la actividad normal. Comprender estos mecanismos puede ayudar a los pacientes y a los cuidadores a sentirse menos solos y más preparados para plantear las preguntas adecuadas al trabajar con un equipo de atención.

  • Creo que una persona a la que quiero podría necesitar ayuda tras un episodio catatónico; ¿por dónde empiezo?

    Si estás listo para buscar apoyo para ti o para alguien a quien quieres, un buen primer paso es ponerte en contacto con un terapeuta titulado que tenga experiencia en trastornos complejos de salud mental. ReachLink simplifica este proceso: en lugar de utilizar un algoritmo para emparejarte con alguien, ReachLink cuenta con coordinadores de atención que se toman el tiempo necesario para comprender tu situación específica y encontrar el terapeuta adecuado a tus necesidades. Puedes empezar por completar una evaluación gratuita, que ayuda al equipo de atención a comprender qué tipo de apoyo te resultaría más útil. A partir de ahí, puedes comenzar las sesiones de terapia a distancia, al ritmo que mejor te convenga.

  • ¿Puede reaparecer la catatonia después de que alguien se haya recuperado de ella?

    Sí, la catatonia puede reaparecer, especialmente cuando está relacionada con una afección subyacente como el trastorno bipolar, la esquizofrenia o la depresión grave. Por este motivo, el apoyo continuo en materia de salud mental es una parte importante de la atención a largo plazo, no solo para gestionar los episodios agudos, sino también para desarrollar la resiliencia y la conciencia necesarias para reconocer los primeros signos de alerta. La terapia puede ayudar a las personas y a sus familias a desarrollar planes personalizados para afrontar los retos futuros. Trabajar de forma constante con un terapeuta colegiado es una de las formas más eficaces de reducir el riesgo de recaída y favorecer una estabilidad duradera.

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