La división es un mecanismo de defensa psicológico caracterizado por patrones de pensamiento en blanco y negro que pueden afectar significativamente a las relaciones y al bienestar emocional, pero la terapia cognitivo-conductual y el asesoramiento profesional pueden ayudar a las personas a desarrollar patrones de pensamiento más equilibrados y estrategias de afrontamiento más sanas.
¿Te has fijado alguna vez en cómo alguien puede pasar de ser tu persona favorita a decepcionarte por completo en un instante? Este patrón, conocido como división, afecta a la forma en que nos vemos a nosotros mismos, a los demás y al mundo que nos rodea, pero comprender este mecanismo de defensa tan común puede ayudarle a desarrollar relaciones más equilibradas y satisfactorias.
¿Qué es la escisión?
La escisión es una tendencia inconsciente por la que una persona ve los aspectos de su vida a través de una falsa dicotomía de totalmente bueno o totalmente malo. Este patrón de pensamiento en blanco y negro deja poco espacio para los matices o el término medio.
Las personas que practican la división suelen emitir juicios polarizantes, idealizando o devaluando rápidamente a las personas, las situaciones y las experiencias. Este patrón cognitivo puede llevar a la decepción cuando la realidad se revela inevitablemente más compleja. Un rasgo distintivo de la división es el cambio brusco entre posiciones extremas, lo que crea una frustrante dinámica de tira y afloja para quienes se relacionan con alguien que adopta con frecuencia este patrón de pensamiento.
Considere este ejemplo: Tienes un supervisor que crees que es excepcional: te apoya, es brillante y siempre está de tu lado. Un día, este supervisor le hace una crítica constructiva sobre su trabajo en un proyecto. Si eres propenso a dividirte, es posible que al instante las interpretes como duras, injustas y antagónicas. Puede que empieces a evitar las interacciones o a responder con frialdad, a pesar de la relación positiva anterior.
La psicología de la ruptura
Pierre Janet identificó por primera vez la escisión como un mecanismo de defensa psicológico que surge cuando las situaciones resultan abrumadoras. Más tarde, Sigmund Freud amplió este concepto y sugirió que la escisión sirve para proteger al ego tras experiencias traumáticas, sobre todo en la infancia. La psicología contemporánea reconoce la escisión como un patrón de pensamiento que cualquier persona puede adoptar ocasionalmente, independientemente de que tenga una enfermedad mental diagnosticada o antecedentes traumáticos.
Los factores evolutivos pueden influir en las tendencias a la escisión. Los individuos más jóvenes pueden ser más propensos a la escisión, ya que todavía están formando su sentido del yo y desarrollando la capacidad de integrar puntos de vista contradictorios. Los adultos también pueden escindirse, especialmente en lo que se refiere a creencias profundas sobre política, religión o valores personales.
Cuando la escisión se vuelve persistente y altera significativamente el funcionamiento diario, puede indicar un trastorno mental subyacente. La escisión suele asociarse al trastorno límite de la personalidad (TLP), que se caracteriza por una imagen inestable de sí mismo, dificultades de regulación emocional y dificultades para mantener relaciones sanas. Aunque las causas exactas siguen sin estar claras, es probable que la genética y las experiencias de la infancia desempeñen un papel. Con un tratamiento adecuado -por lo general, psicoterapia y, en ocasiones, medicación-, estas tendencias separatistas pueden controlarse eficazmente.
Reconocer la escisión en la vida cotidiana
El principal indicador de la división es la tendencia a clasificar los elementos de la vida como «increíbles» o «terribles», con un reconocimiento mínimo del espectro entre estos extremos. Éstas son algunas de las formas en que puede manifestarse la división:
- Pensar exclusivamente en absolutos o clasificar conceptos en categorías opuestas.
- Considerar a las personas totalmente buenas o totalmente malas sin tener en cuenta la complejidad.
- Asumir que los que tienen perspectivas diferentes se oponen deliberadamente a ti.
- Abandonar rápidamente las relaciones cercanas cuando se produce una decepción
- Despreciar o ridiculizar a quienes tienen puntos de vista diferentes
- Cambiar de opiniones o lealtades repentina y drásticamente
- Dificultad para mantener relaciones constantes
- Experimentar rápidas fluctuaciones de humor
- Presentar personajes muy diferentes en función del contexto social.
Estrategias para gestionar las tendencias divisorias
Existen varios enfoques que pueden ayudar a reducir la tendencia al pensamiento polarizado. En primer lugar, hay que reconocer que la división suele producirse de forma inconsciente. Desarrollar la atención plena puede aumentar la conciencia de cuándo se produce la división, que es el primer paso esencial para cambiar este patrón de pensamiento. La meditación consciente y la escritura de un diario pueden ayudar a cultivar esta autoconciencia.


