Mantener contacto con tu ex activa circuitos cerebrales de dopamina similares a los de una adicción, y la investigación psicológica confirma que la amistad postruptura solo resulta saludable cuando está motivada por afecto genuino o razones prácticas concretas, no por miedo a la pérdida ni por esperanzas románticas no resueltas.
Soltar a tu ex es más difícil de lo que admitirías en voz alta, y no tiene nada que ver con debilidad. La ciencia explica por qué tu cerebro reacciona a una ruptura como si fuera una adicción, y qué dice eso sobre si seguir en contacto te ayuda o te frena.
Cuando terminar una relación no significa decirse adiós
Imagina esta escena: han pasado varios meses desde que terminaste con tu pareja, pero siguen hablando casi todos los días. Les dices a tus amigos que «solo son amigos ahora», y técnicamente no mientes. Pero en el fondo sabes que algo en esa dinámica no termina de cerrarse. Si esto te suena familiar, no estás solo. Millones de personas navegan esta misma contradicción después de una ruptura, sin saber exactamente si lo que están haciendo los está ayudando a sanar o simplemente los mantiene atrapados.
La pregunta de si ser amigo de tu ex es buena o mala idea no tiene una respuesta única. Lo que sí existe es evidencia psicológica sólida sobre qué factores determinan si esa amistad te nutre o te daña. Entre esos factores están tus motivaciones reales para mantener el contacto, tu estilo de apego y el tiempo que ha transcurrido desde la ruptura. Modificar cualquiera de esas variables puede cambiar completamente el panorama.
Un estudio publicado en 2017 por Mogilski y Welling encontró que las razones detrás de mantener una amistad con una expareja predicen con bastante precisión si esa relación llevará a resultados saludables o problemáticos. Seguir en contacto por afecto genuino es psicológicamente muy distinto a hacerlo por miedo a la pérdida o por mantener viva una esperanza romántica.
En este artículo exploramos la neurociencia detrás de las rupturas, los cuatro tipos de motivación que impulsan estas amistades, las señales de alerta que indican que algo no está funcionando, y lo que puedes hacer cuando la amistad resulta no ser la mejor opción para ti.
Lo que le pasa a tu cerebro cuando terminas con alguien
Una ruptura no es solo una experiencia emocional. Es también un evento neurobiológico. Para entender por qué mantener el contacto con tu ex rara vez es tan inofensivo como parece, primero hay que entender qué ocurre dentro de tu cerebro cuando esa relación termina.
Tu ex y el sistema de recompensa cerebral
En 2004, la investigadora Helen Fisher condujo estudios de neuroimagen que revelaron algo sorprendente: cuando las personas que habían sufrido una ruptura reciente veían fotografías de su expareja, se activaban el área tegmental ventral y el núcleo caudado, las mismas regiones relacionadas con los circuitos de dopamina que se activan en personas que consumen cocaína. A lo largo de la relación, tu cerebro aprendió a asociar a esa persona con una fuente constante de dopamina, la sustancia química vinculada a la motivación y la recompensa.
Cuando esa fuente desaparece, el cerebro no simplemente se adapta y sigue adelante. Experimenta algo parecido al síndrome de abstinencia. Ese anhelo intenso que sientes después de una ruptura no es una señal de debilidad emocional ni de inmadurez: tiene una base biológica completamente documentada. Y esto importa mucho cuando decides si mantienes o no el contacto.
La psicología conductual lleva décadas estudiando el refuerzo de ratio variable, es decir, cuando las recompensas llegan de forma impredecible en lugar de seguir un patrón fijo. Este tipo de refuerzo produce los comportamientos más difíciles de abandonar, y es el mismo mecanismo que hace tan adictivas las apuestas.
El contacto intermitente con un ex funciona exactamente igual. Un mensaje un miércoles por la tarde. Un «me gusta» en una foto de hace tres días. Una llamada breve para saber cómo está. Cada pequeña interacción libera suficiente dopamina para que te sientas mejor por un momento, pero al mismo tiempo reinicia el proceso de desapego que tu cerebro necesita completar. En lugar de avanzar, el reloj neuroquímico vuelve a cero. Este ciclo también puede intensificar los síntomas de ansiedad, porque tu sistema nervioso permanece en estado de alerta constante, pendiente de la próxima señal de esa persona.
El factor tiempo: no es solo emocional, es biológico
En las primeras semanas y meses tras una ruptura, el sistema de recompensa del cerebro está muy activo y la capacidad de regulación emocional está reducida. La corteza prefrontal, responsable del pensamiento racional, tiene que competir con un sistema límbico desbordado. Las decisiones que se toman en este período están más influidas por el deseo que por la claridad.
Con el paso del tiempo y la distancia real, el sistema de recompensa se estabiliza, la activación disminuye y el contacto con la expareja genera menos carga emocional. Una amistad que puede funcionar bien al año de la ruptura puede resultar completamente desestabilizadora en los primeros meses. El momento no es un detalle menor: es una variable biológica.
Mogilski y Welling identificaron cuatro motivaciones principales que llevan a las personas a seguir en contacto con una expareja. Entender cuál de ellas domina en tu caso es más revelador de lo que podrías imaginar, porque la calidad de la relación pasada predice menos sobre el éxito de la amistad futura que la razón por la que buscas mantenerla.
Piensa en estas motivaciones como un cuadrante de cuatro cuadrantes: seguridad emocional, practicidad, cortesía y deseo romántico no cerrado. La mayoría de las personas se identifican principalmente con uno, aunque reconozcan elementos de varios en su situación.
Seguridad y practicidad: cuando la amistad tiene fundamentos reales
La motivación de seguridad surge del afecto genuino. Tu ex fue una fuente real de apoyo emocional, confianza y estabilidad que sientes que sería difícil encontrar en otra persona. Esta motivación aparece con mayor frecuencia en relaciones largas donde se construyó un conocimiento mutuo profundo. Querer mantener el contacto desde este lugar no tiene que ver con evitar el dolor, sino con honrar algo que fue auténtico. Cuando esta es tu motivación principal, la amistad tras la ruptura puede contribuir positivamente a tu proceso de adaptación.
La motivación práctica es más concreta: comparten hijos, un negocio, finanzas, círculos sociales irrompibles o un espacio de trabajo. Aquí la amistad no es una elección emocional sino una necesidad funcional. Tener un propósito externo claro que estructure la relación puede reducir la ambigüedad y, en muchos casos, hacer las cosas más manejables para ambos.
Estas dos motivaciones tienden a generar dinámicas más estables después de la ruptura porque están ancladas en algo concreto y real.
Cortesía y deseo no resuelto: cuando la amistad esconde algo más
La motivación de cortesía se trata de mantener la paz: evitar situaciones incómodas, proteger las amistades compartidas o simplemente no querer terminar las cosas de mala manera. No hay nada inherentemente malo en esto, y las amistades que nacen de la cortesía suelen ser socialmente fluidas. También tienden a ser superficiales. Sin una conexión emocional más profunda, este tipo de vínculo raramente se convierte en algo significativo, pero tampoco suele generar daño.
La motivación del deseo romántico no resuelto es la que requiere mayor atención. Ocurre cuando seguir siendo “amigos” tiene que ver en realidad con mantenerse cerca, con la esperanza de que algo cambie, o simplemente con la incapacidad de aceptar que la relación terminó. De las cuatro motivaciones, esta es la que más consistentemente se asocia con una adaptación emocional problemática tras la ruptura. La amistad se convierte en una puerta entreabierta que impide procesar la pérdida.
Preguntarte honestamente cuál de estas cuatro motivaciones describe mejor tu situación es un buen punto de partida. No tienes que elegir solo una, pero identificar la predominante te da información valiosa sobre lo que realmente estás buscando en esa amistad.
No todas las personas se acercan igual a la idea de seguir siendo amigos después de una ruptura. Ciertos rasgos de personalidad, historias relacionales y las circunstancias específicas de cómo terminó la relación influyen de manera predecible en quién da el paso de mantener el contacto y quién prefiere alejarse.
El género tiene un papel cuantificable en esto. Los estudios indican que las mujeres tienden a ser más selectivas al decidir con qué expareja mantienen una amistad, evaluando con más cuidado la calidad de la relación antes de seguir en contacto. Los hombres, en cambio, muestran mayor tendencia a mantener amistades con sus ex de forma más generalizada, un patrón que los investigadores vinculan a perfiles motivacionales distintos, incluyendo una mayor probabilidad de mantener abiertas posibilidades románticas o sexuales.
El estilo de apego también moldea significativamente este panorama. Las personas con apego seguro, quienes generalmente se sienten cómodas tanto con la intimidad como con la independencia, están mejor equipadas para sostener amistades genuinamente platónicas con sus ex. Quienes tienen apego ansioso pueden buscar esa amistad sin haber procesado aún sus sentimientos o con esperanzas de reconciliación. Las personas con apego evitativo pueden mantener un contacto superficial preservando una distancia emocional considerable, lo que puede parecer amistad sin funcionar realmente como tal.
Quién tomó la decisión de terminar también importa. La persona que inició la ruptura suele tener mayor sensación de cierre y menos culpa, lo que hace que una amistad genuina resulte más manejable. Para quien fue dejado, aceptar la propuesta de amistad puede funcionar a veces como una forma de evitar procesar el duelo, más que como un deseo real de conexión platónica.
Finalmente, las investigaciones sobre la historia relacional y el contacto posterior a la ruptura confirman que la duración y profundidad de la relación previa predicen quiénes terminan siendo amigos. Las relaciones más largas, en las que se compartió vivienda, finanzas o redes sociales, generan razones prácticas para mantener el contacto independientemente de la preparación emocional de cada quien.
Cómo la pseudoamistad bloquea el duelo real
Algunas amistades después de una ruptura no son realmente amistades. Son una estrategia, muchas veces inconsciente, para mantener un pie dentro de la relación y evitar el trabajo emocional que implica superarla. Reconocer este patrón puede explicar por qué seguir en contacto a veces te hace sentir peor, aunque en apariencia todo parezca estar bien.
Cuando la pérdida no parece pérdida
La psicóloga Pauline Boss desarrolló el concepto de pérdida ambigua para describir situaciones en las que alguien sigue presente físicamente pero ya no está emocionalmente ni relacionalmente. Una amistad con un ex puede crear exactamente esa condición. Tu ex sigue respondiendo mensajes, sigue apareciendo en tu vida, pero la relación que compartían ya no existe. Como las señales de pérdida son contradictorias, el cerebro tiene dificultades para asimilar que algo terminó. El duelo necesita un cierre claro para poder comenzar. La pérdida ambigua le niega esa claridad.
Aquí entra en juego la evasión emocional: usar estrategias de afrontamiento para esquivar emociones difíciles en lugar de atravesarlas. Las rupturas exigen que proceses enojo, tristeza y una sensación de identidad transformada. La pseudoamistad ofrece un desvío conveniente para evitar todo eso. Sigues en contacto, te sientes relativamente bien, y el trabajo emocional pendiente nunca se realiza.
Mantener contacto amistoso regular con tu ex puede parecer una señal de madurez emocional. Pero vale la pena hacerse una pregunta honesta: ¿qué te aporta realmente ese contacto? Para muchas personas, esas comunicaciones de “solo quería saber cómo estás” funcionan como comportamientos de búsqueda de seguridad: una forma de confirmar que la otra persona sigue ahí, sigue siendo cariñosa, sigue estando disponible. Reconforta en el momento, pero impide desarrollar la capacidad de regularte emocionalmente sin esa persona.
Con el tiempo, este patrón puede derivar en lo que la CIE-11 clasifica como trastorno de duelo prolongado, donde el duelo no se resuelve porque el proceso es interrumpido continuamente. Cada intercambio amistoso reinicia el contador. La herida no sana no porque no vaya a hacerlo, sino porque el proceso de curación es constantemente interrumpido. Esto puede parecerse mucho a la dificultad para adaptarse tras una pérdida importante, donde la perturbación emocional persiste mucho más de lo esperado.
Una pregunta que vale la pena considerar con honestidad: ¿Me sentiría devastado o aterrado si esta persona dejara de responderme? Si la respuesta sincera es sí, la amistad está funcionando como un apoyo emocional del que dependes, no como una relación entre iguales. Eso no es un juicio moral: es información importante.
¿Tu amistad con tu ex te ayuda o te lastima?
No todas las amistades postruptura son iguales, y determinar si la tuya suma o resta a tu bienestar raramente tiene una respuesta obvia. Una manera de clarificarlo es plantearte una serie de preguntas concretas y honestas sobre cómo te sientes y qué patrones estás observando.
Señales de que la amistad es genuinamente positiva
Una amistad con un ex tiende a ser saludable cuando se cumplen varias condiciones al mismo tiempo. Ambos han procesado la ruptura de manera independiente, sin apoyarse en el otro para lograrlo. La motivación para mantener el contacto es práctica o está enraizada en una historia compartida real, no en el miedo a perder a esa persona. Ninguno de los dos alberga esperanzas románticas. Puedes enterarte de que tu ex está saliendo con alguien nuevo y sentirte indiferente o incluso contento por él o ella. Y la amistad no genera fricción cuando alguno de los dos empieza una nueva relación. Cuando todo esto se cumple de forma genuina, la amistad probablemente está aportando algo real y positivo.
Señales de que la amistad está manteniendo abiertas las heridas
Las señales de alerta suelen ser más sutiles y más fáciles de justificar. Te pones en contacto no porque quieras conectar de verdad, sino porque el silencio te resulta insoportable. Revisas sus redes sociales para saber con quién pasa el tiempo. Tus reacciones emocionales hacia esa persona son desproporcionadas respecto a lo que sentirías con cualquier otro amigo: que cancele un plan te afecta durante días; ver una foto con alguien nuevo desata una espiral emocional. La amistad también es preocupante si te impide abrirte a conocer gente nueva, ya sea porque no estás emocionalmente disponible o porque, sin reconocerlo, estás dejando espacio para una reconciliación que no llega. Las respuestas emocionales exageradas y la incapacidad de avanzar pueden ser señales tempranas de depresión o factores que contribuyen a ella, algo que merece atención.
Cuando uno está listo y el otro no
Una de las complicaciones más pasadas por alto en las amistades postruptura es que el nivel de preparación emocional rara vez es simétrico. Una persona puede haber procesado genuinamente la relación y estar lista para una dinámica platónica limpia. La otra puede creer que también lo está, pero no es así. La persona que no está lista suele ser la última en darse cuenta, precisamente porque la cercanía con la situación hace casi imposible la autoevaluación honesta.
Esta asimetría es importante porque la preparación de una sola de las partes no puede sostener una amistad sana. Las buenas intenciones de uno no cancelan los sentimientos sin resolver del otro.
También vale la pena recordar que esta decisión no es permanente. La misma amistad que genera dolor real a los dos meses puede ser genuinamente saludable a los doce. El momento es una variable, no una condición fija. Si te cuesta evaluar en qué lado de esa línea estás, esa incertidumbre en sí misma ya es información útil. Un terapeuta puede ofrecerte la perspectiva externa que simplemente no puedes generarte a ti mismo desde adentro de la situación. Puedes conectar con un terapeuta certificado en ReachLink de forma gratuita, sin compromisos y a tu propio ritmo.
Los circuitos de recompensa del cerebro no se desactivan en el momento en que termina una relación. Los patrones de anhelo que generan pueden persistir semanas o incluso meses, y cada mensaje, cada revisión de redes sociales o cada comunicación casual los alimenta. El contacto durante este período no aligera el dolor: reinicia el ciclo, de manera muy similar a ceder ante algo que estás intentando dejar completamente.
El período sin contacto no es un castigo ni una estrategia para provocar al otro. Es una necesidad neurobiológica. El sistema de recompensa del cerebro necesita tiempo ininterrumpido, sin el estímulo de esa persona, para recalibrarse. Darle ese espacio es una de las acciones más prácticas y concretas que puedes tomar a favor de tu propia recuperación.
La mayoría de las recomendaciones clínicas apuntan a un mínimo de 60 a 90 días antes de restablecer cualquier tipo de contacto. La duración adecuada para ti depende de varios factores: cuánto duró la relación, tu estilo de apego y las circunstancias específicas de la ruptura. Una relación de dos meses que terminó de mutuo acuerdo es una situación muy diferente a una de cuatro años que concluyó con una traición.
El período sin contacto implica:
- No enviar mensajes ni llamar, ni siquiera de manera ocasional
- No revisar sus perfiles en redes sociales
- No usar amigos en común como fuentes informales de información
- No enviar mensajes para saber cómo está bajo el pretexto de la amistad
Para quienes comparten la custodia de hijos o trabajan en el mismo lugar, el cero contacto total no es realista. En esos casos, el objetivo es un contacto mínimo y estructurado: la comunicación se limita estrictamente al tema compartido en cuestión, con límites claros sobre los temas tratados y sin mezclar aspectos emocionales. Esa estructura protege a ambas personas mientras la vida cotidiana continúa.
Cómo construir una amistad real con tu ex si decides intentarlo
Decidir que una amistad con tu ex es viable es solo el primer paso. Lo más desafiante es construir algo que funcione como una amistad genuina, no como una relación romántica camuflada. Eso requiere conversaciones directas, límites claros y disposición para reevaluar la situación conforme cambian las circunstancias.
Límites que realmente se sostengan
Las amistades vagas con un ex tienden a recaer en los viejos patrones. El antídoto es la especificidad. Mantén una conversación explícita en la que ambos definan qué es esta amistad y, con igual claridad, qué no es. Eso incluye hablar sobre la posibilidad romántica (¿está descartada o no?), las normas de contacto físico (¿abrazos sí, pero nada más no?) y la frecuencia de comunicación (¿mensajes diarios o solo para saber cómo están de vez en cuando?).
Una herramienta útil para autoevaluarte es lo que podrías llamar la prueba de la nueva pareja: pregúntate si, en caso de que alguno de los dos comenzara a salir con alguien nuevo, ocultarías esta amistad o minimizarías su cercanía. Si la respuesta es sí, la amistad tiene un problema de límites que conviene atender ahora, antes de que una nueva relación lo ponga en evidencia.
Límites digitales y redes sociales
Tus decisiones en redes sociales deben reflejar el punto real en el que estás en tu proceso de recuperación, no el punto en el que desearías estar. Silenciar, dejar de seguir y bloquear forman parte de un espectro de herramientas, y elegir la opción adecuada no dice nada de tu carácter. Es una decisión práctica. Las investigaciones sobre contacto digital con exparejas muestran que el contacto electrónico continuo puede servir, sin que ninguna de las partes lo busque conscientemente, para mantener abierta una alternativa romántica. Silenciar las historias de alguien no tiene costo alguno y puede proteger tu estabilidad emocional en los momentos de mayor vulnerabilidad. Siempre puedes volver a seguir a esa persona cuando la confusión emocional se haya disipado.
Reconocer cuándo dar un paso atrás
Las motivaciones cambian con el tiempo. Una amistad que parecía genuinamente sana hace seis meses puede volverse silenciosamente dañina, y lo contrario también es posible. Hacerte las preguntas de diagnóstico descritas en las secciones anteriores de manera periódica te ayuda a detectar esa deriva a tiempo.
Presta especial atención a estas señales de retroceso: mayor rumiación después de pasar tiempo juntos o intercambiar mensajes, celos sobre con quién sale la otra persona, o una tendencia a apoyarte en esa amistad en lugar de construir nuevas conexiones. Cualquiera de estas señales merece atención honesta, no racionalización.
Si identificas estos patrones y necesitas apoyo para gestionarlos, las herramientas gratuitas de seguimiento del estado de ánimo y diario de ReachLink pueden ayudarte a monitorear tus respuestas emocionales al contacto con tu ex a lo largo del tiempo.
Cuando la autorreflexión no es suficiente, un terapeuta te ofrece algo que no puedes generarte a ti mismo: una perspectiva externa sobre una situación a la que estás demasiado cerca para verla con claridad. La psicoterapia puede ayudarte a explorar si tu apego a esa amistad está favoreciendo tu crecimiento o deteniéndolo. La terapia interpersonal, en particular, está diseñada precisamente para acompañar este tipo de transiciones relacionales, incluyendo cómo establecer límites que se mantengan y cómo procesar la pérdida de la forma original de una relación mientras construyes algo nuevo.
Aceptar la complejidad de una decisión que no es blanca ni negra
La pregunta de si ser amigo de tu ex te conviene no tiene una respuesta universal, y esa ambigüedad no es una señal de confusión o debilidad: refleja la complejidad real de los vínculos humanos. Lo que sí existe es un conjunto de indicadores psicológicos claros que pueden orientarte hacia una decisión más consciente. Tu motivación, el momento en el que te encuentras, tu estilo de apego y la honestidad con la que puedas evaluarte a ti mismo son las variables que más importan. Si sientes que ese análisis es difícil de hacer solo, considera la posibilidad de hablar con un profesional. En ReachLink puedes conectar con terapeutas certificados que te acompañen a entender qué es lo que realmente necesitas en este momento.
Conecta con un terapeuta en ReachLink
FAQ
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¿Cómo saber si seguir siendo amigos con mi ex me está ayudando a sanar o solo me está haciendo daño?
Una amistad con un ex puede ser genuinamente positiva cuando ambos han procesado la ruptura de forma independiente, ninguno alberga esperanzas románticas y la noticia de que el otro está saliendo con alguien nuevo no genera angustia. Las señales de alerta son más sutiles: revisar sus redes sociales con frecuencia, sentirte devastado si no te responde, o darte cuenta de que esa amistad te impide abrirte a conocer personas nuevas. Si tus reacciones hacia esa persona son desproporcionadas comparadas con lo que sentirías con cualquier otro amigo, la amistad probablemente está funcionando como un apoyo emocional del que dependes, no como una relación entre iguales. Una buena pregunta de diagnóstico es esta: ¿te sentirías aterrado o devastado si esa persona dejara de responderte? Si la respuesta honesta es sí, eso ya es información importante sobre lo que realmente está pasando.
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¿Por qué sigo pensando tanto en mi ex aunque ya pasaron varios meses desde que terminamos?
El cerebro asocia a tu pareja con una fuente constante de dopamina, la sustancia química vinculada a la motivación y la recompensa, y cuando esa persona desaparece de tu vida, el cerebro experimenta algo similar al síndrome de abstinencia. Los estudios de neuroimagen muestran que pensar en un ex activa las mismas regiones cerebrales que se activan en personas que consumen sustancias adictivas, lo que explica por qué el anhelo puede sentirse tan intenso e involuntario. El contacto esporádico, un mensaje de vez en cuando, un "me gusta" en redes o una llamada breve, reinicia ese ciclo cada vez, igual que ceder cuando intentas dejar algo que no te hace bien. Si el contacto ocasional no te ayuda a sentirte mejor sino solo a calmarte por un momento, considera reducirlo para darle a tu cerebro el tiempo ininterrumpido que necesita para estabilizarse.
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¿Una app de salud mental puede ayudarme a procesar una ruptura o para eso sí necesito ir con un terapeuta?
Las herramientas de autoayuda digital pueden ser un apoyo valioso para procesar una ruptura, especialmente en los momentos en que necesitas un espacio para ordenar lo que sientes sin tener que esperar una cita. Funciones como el diario guiado, los chats de apoyo con inteligencia artificial y los registros de estado de ánimo te permiten identificar patrones emocionales, detectar cuándo el contacto con tu ex te afecta más de lo que reconoces y hacer seguimiento de tu progreso con el tiempo. No reemplazan el trabajo con un terapeuta, pero sí pueden complementarlo o servir como un primer paso accesible cuando no tienes disponibilidad inmediata de atención profesional. ReachLink ofrece estas herramientas de autogestión dentro de su aplicación, disponibles en cualquier momento y desde tu celular.
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No me siento listo para ir con un terapeuta pero sé que necesito hacer algo para superar a mi ex, ¿por dónde puedo empezar?
Si no estás listo para iniciar un proceso terapéutico o no tienes acceso inmediato a un profesional, hay herramientas de autogestión que pueden ayudarte a ordenar lo que sientes y a entender mejor tus patrones emocionales sin presión ni compromisos. La aplicación de ReachLink incluye un diario guiado donde puedes registrar cómo te sientes después de cada interacción con tu ex, un chatbot con inteligencia artificial para explorar tus pensamientos en cualquier momento del día, evaluaciones de salud mental para identificar áreas que necesitan atención, y seguimiento de progreso para ver cómo evolucionas con el tiempo. Estas herramientas están diseñadas para que puedas trabajar a tu propio ritmo, desde tu celular y cuando más lo necesites. Descargar la app de ReachLink puede ser ese primer paso concreto hacia tu bienestar emocional, incluso antes de sentirte listo para hablar con alguien.
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¿Está mal bloquear a tu ex en redes sociales después de una ruptura?
Bloquear o dejar de seguir a tu ex en redes sociales no es una señal de inmadurez ni de que no lo superaste, sino una decisión práctica para proteger tu estabilidad emocional mientras tu cerebro completa el proceso de desapego. Las investigaciones muestran que el contacto digital continuo con una expareja puede mantener abierta, sin que ninguno de los dos lo busque conscientemente, la posibilidad romántica, y eso ralentiza la recuperación emocional. Silenciar historias, dejar de seguir o bloquear son herramientas dentro de un espectro, y elegir la que mejor se adapta a tu momento no dice nada negativo sobre ti ni sobre la relación que tuvieron. Siempre puedes volver a conectarte con esa persona en redes cuando la confusión emocional se haya disipado y sientas que el contacto digital ya no te genera ansiedad ni esperanza.