¿Por qué alguien inventa una vida falsa en internet?

August 19, 202617 min de lectura
¿Por qué alguien inventa una vida falsa en internet?

El catfishing, la práctica de inventar una identidad completamente falsa en internet, tiene raíces en necesidades psicológicas no satisfechas como baja autoestima, apego inseguro y soledad, y el daño emocional que genera en las víctimas puede abordarse eficazmente con terapia cognitivo-conductual, interpersonal o EMDR bajo guía profesional.

¿Construiste una relación con alguien en internet y luego descubriste que todo era una mentira? El catfishing deja heridas emocionales muy reales, aunque la persona nunca haya existido. En este artículo entenderás por qué ocurre, quién lo practica y cómo recuperarte si lo viviste.

Catfishing: ¿qué hay detrás de una identidad completamente inventada en línea?

Imagina que llevas meses construyendo una relación con alguien que comparte tus intereses, te escucha con atención y parece entenderte como nadie más lo ha hecho. Luego descubres que esa persona nunca existió. El perfil, las fotos, el nombre, la historia de vida entera: todo era una ficción cuidadosamente construida. Este fenómeno, conocido como catfishing, es mucho más frecuente de lo que muchos suponen, y sus raíces psicológicas son más profundas de lo que parece a simple vista.

El catfishing no se reduce a una mentira aislada ni a una foto tomada prestada de otra persona. Implica la construcción y el sostenimiento prolongado de un personaje virtual completo —con nombre, historia, imágenes y una personalidad coherente— con el que se mantiene una relación continuada con otra persona real durante semanas, meses o incluso años.

Es importante distinguirlo de otras formas de fraude digital. Las estafas románticas, por ejemplo, tienen una lógica transaccional: se fabrica cercanía emocional con el objetivo concreto de obtener dinero. Los estudios sobre fraudes románticos en línea y sus dinámicas relacionales muestran que en esos casos el dinero es la meta y la relación, el medio. El catfishing suele funcionar al revés: la relación —o la identidad inventada en sí misma— es el fin. No hay necesariamente un beneficio económico en juego. Lo que mueve el comportamiento es algo psicológicamente más complejo y, por eso, más difícil de entender desde afuera.

Para comprender verdaderamente por qué alguien invierte semanas o meses de energía emocional en hacerse pasar por otra persona, hay que mirar más allá de la conducta. El catfishing funciona, en muchos casos, como la expresión visible de necesidades insatisfechas, una imagen distorsionada de uno mismo y patrones de evasión emocional arraigados.

¿Quién practica el catfishing? El perfil psicológico detrás del engaño

No existe un arquetipo único de persona que practique catfishing. Las investigaciones revelan un abanico amplio de perfiles: desde individuos motivados por el control y la manipulación hasta personas que actúan desde una profunda inseguridad o soledad. Lo que tienen en común no es un tipo de personalidad específico, sino el comportamiento en sí: crear una identidad falsa para relacionarse con otros en entornos digitales.

Rasgos de personalidad vinculados al engaño de identidad en línea

Los estudios sobre rasgos de personalidad asociados al engaño social en internet sugieren que el catfishing existe en un espectro, no como una conducta fija y uniforme. Entre los rasgos que aparecen con mayor frecuencia en quienes lo practican se encuentran las tendencias narcisistas, el maquiavelismo (la inclinación a manipular a otros en beneficio propio), la autoestima baja, la ansiedad social y las dificultades para regular las emociones.

La llamada “Tríada Oscura” —la combinación de narcisismo, maquiavelismo y psicopatía— se relaciona con el catfishing de maneras distintas según la motivación de cada persona. Las investigaciones sobre el narcisismo y la gestión de la imagen como predictores del catfishing señalan que la necesidad de admiración y de controlar la percepción ajena puede llevar a alguien a construir una versión idealizada de sí mismo en línea. Los rasgos psicopáticos, en cambio, se asocian más estrechamente con el catfishing de tipo predador, orientado a la explotación económica o sexual.

Sin embargo, no todos los casos encajan en ese perfil depredador. Muchas personas que practican catfishing luchan contra una autoestima deteriorada y encuentran más accesible sentirse queridas, deseadas o respetadas bajo una identidad diferente a la propia.

Condiciones de salud mental que coexisten con esta conducta

Los trastornos de salud mental frecuentemente forman parte del contexto —no de la justificación— de este comportamiento. La depresión, la fobia social y la soledad intensa pueden impulsar a alguien a construir una identidad alternativa como estrategia para satisfacer necesidades que siente incapaz de cubrir siendo quien realmente es. Las personas que padecen trastorno dismórfico corporal —una preocupación obsesiva por defectos físicos percibidos— pueden utilizar fotografías falsas específicamente para evitar la vergüenza relacionada con su apariencia, sin renunciar a la búsqueda de conexión emocional.

Los estudios también indican que el catfishing no se concentra en un solo grupo demográfico. Personas de distintas edades, géneros y contextos socioeconómicos lo practican, y el patrón de comportamiento tiende a reflejar la necesidad particular no satisfecha del individuo más que una característica grupal.

Tres grupos motivacionales: una tipología clínica del catfishing

Tratar todos los casos de catfishing como si fueran idénticos ignora la complejidad psicológica que los sostiene. A partir de investigaciones revisadas por pares sobre teoría del apego, psicología de la personalidad y conducta en entornos digitales, es posible organizar las motivaciones en tres grupos clínicamente relevantes. Los estudios sobre las motivaciones de quienes practican catfishing y las respuestas emocionales de las víctimas respaldan la existencia de tipos diferenciados de motivación, especialmente en torno a la exploración de identidad y al comportamiento predador. Estos grupos no son diagnósticos rígidos: muchas personas combinan elementos de más de uno, y las motivaciones pueden evolucionar a medida que el engaño avanza.

Grupo 1: Catfishing como exploración de identidad

Este grupo está impulsado por una autoestima baja, malestar con la imagen corporal, ansiedad social o la necesidad de explorar la identidad de género o la orientación sexual en un espacio percibido como más seguro que la vida cotidiana. El personaje inventado funciona como lo que los clínicos denominan una experiencia emocional correctiva: una oportunidad de ser visto, valorado y conectado de formas que la persona cree inalcanzables desde su identidad real. Enraizada en estilos de apego inseguros y frecuentemente moldeada por experiencias traumáticas en la infancia, esta motivación tiene menos que ver con lastimar a otros que con llenar un vacío interno.

Las personas con quienes se relaciona suelen ser pares buscados para obtener validación y conexión emocional. Los indicadores conductuales incluyen historias de fondo elaboradas y cuidadosamente sostenidas, una implicación emocional profunda con el personaje ficticio y una angustia genuina cuando la identidad falsa es cuestionada o expuesta. Quien hace catfishing desde este grupo frecuentemente desarrolla sentimientos auténticos dentro de la relación inventada.

Grupo 2: Catfishing predador

Aquí la identidad falsa es una herramienta, no un refugio. El catfishing predador está motivado por el deseo de control, la explotación sexual, el beneficio económico o la venganza. El personaje se construye de forma estratégica para acceder a una víctima, y la conexión emocional que se establece es fabricada con un objetivo final en mente.

Las víctimas suelen seleccionarse por su aparente vulnerabilidad: soledad, una pérdida reciente, ingenuidad financiera o apertura emocional. Entre los indicadores conductuales destacan el “bombardeo de amor” (inundar a alguien de atención y afecto desde el inicio), la escalada rápida de la intimidad, el aislamiento deliberado respecto a la red de apoyo de la víctima y una marcada resistencia a cualquier tipo de rendición de cuentas. Este grupo representa el mayor potencial de daño directo.

Grupo 3: Catfishing escapista

El catfishing escapista se alimenta de la insatisfacción con la vida real, el aburrimiento crónico o el duelo y el trauma no procesados. La identidad falsa ofrece una existencia paralela: una versión de la vida que se percibe como más interesante, más significativa o simplemente menos dolorosa que la propia. A diferencia de los otros grupos, la otra persona suele ser secundaria. Lo central es la experiencia de ser alguien diferente.

Entre los indicadores conductuales se encuentran el mantenimiento de múltiples identidades simultáneas, la prolongación de los engaños durante meses o años y una difuminación progresiva de los límites entre el yo inventado y el real. Con el tiempo, algunas personas de este grupo tienen dificultades para distinguir dónde termina el personaje y dónde comienzan ellas mismas.

La interacción entre los grupos

En la práctica, estas categorías se superponen. Alguien puede comenzar con motivaciones escapistas y derivar hacia conductas predadoras a medida que el engaño se intensifica. Una persona del grupo de exploración de identidad también puede estar huyendo de un trauma propio del perfil escapista. Este modelo funciona mejor como un mapa de motivaciones predominantes que como un diagnóstico cerrado, y refleja la psicología compleja y frecuentemente contradictoria que hace tan difícil comprender el catfishing desde fuera.

Cómo se construye una identidad falsa y por qué resulta tan convincente

El sociólogo Erving Goffman argumentaba que toda vida social es una forma de actuación: presentamos al mundo una versión cuidadosamente elegida de nosotros mismos en el “escenario”, mientras reservamos nuestro yo sin filtros para los espacios privados. El catfishing lleva ese planteamiento al extremo: la actuación en el escenario no complementa la realidad entre bastidores, sino que la reemplaza por completo. No existe ninguna intersección entre quién es realmente quien hace catfishing y quién dice ser en línea.

Construir esa imagen falsa requiere un trabajo genuino. Las investigaciones sobre la autopresentación estratégica en contextos digitales muestran que la selección de fotografías, el lenguaje del perfil y la construcción de la personalidad son decisiones deliberadas y calculadas. Quien hace catfishing no se limita a mentir: está edificando un mundo. Desarrolla una historia con lógica interna, elige imágenes que parezcan aspiracionales pero creíbles, y afina una voz y una personalidad que se mantengan coherentes a lo largo de decenas de conversaciones. Esto exige una inversión creativa y emocional sostenida, a menudo durante semanas o meses.

Esa inversión tiene un costo psicológico que la mayoría no anticipa. Con el tiempo, la actuación deja de sentirse como tal. Los estudios sobre la adaptación neuronal ante la deshonestidad prolongada demuestran que el engaño repetido desensibiliza gradualmente los circuitos emocionales que normalmente generan malestar cuando mentimos. A medida que esas señales se atenúan, la identidad falsa comienza a activar las mismas respuestas neurológicas y emocionales que la expresión auténtica del yo. El personaje empieza a sentirse genuinamente real para quien lo interpreta. Este fenómeno se denomina a veces “fusión de identidades” y ayuda a explicar por qué muchas personas que hacen catfishing describen su yo falso como la versión “verdadera” de quiénes son.

Esta fusión también explica algo que sorprende a mucha gente: el duelo que experimenta quien hace catfishing cuando su personaje es descubierto. Al desmantelarse la identidad inventada, muchos refieren una sensación genuina de pérdida, no solo vergüenza o culpa. Los psicólogos relacionan esto con la identidad egodistónica —un concepto de uno mismo que entra en conflicto con los valores fundamentales, pero que sigue teniendo peso emocional— y con procesos disociativos leves que difuminan la frontera entre el yo representado y el auténtico. Esta dinámica es especialmente pronunciada en el grupo escapista, donde el personaje no es una herramienta sino un refugio.

Del vínculo temprano a la identidad inventada: la teoría del apego como hilo conductor

Para entender por qué algunas personas construyen identidades completamente ficticias en internet, uno de los marcos más útiles es la teoría del apego. Desarrollada por John Bowlby y ampliada posteriormente por Mary Ainsworth, esta teoría explica cómo los vínculos tempranos con las figuras de cuidado moldean la forma en que nos relacionamos con otros a lo largo de la vida. Esas experiencias dejan una huella que se activa también en las relaciones digitales. Las investigaciones que vinculan la ansiedad y la evitación en el apego con la participación en catfishing confirman que los estilos de apego inseguros son predictores significativos de esta conducta.

Los estilos de apego se agrupan generalmente en cuatro categorías: seguro, ansioso-preocupado, desdeñoso-evitativo y desorganizado. Las personas con apego seguro suelen sentirse cómodas con la cercanía y la confianza. Los otros tres estilos, formados por cuidados tempranos inconsistentes, negligentes o atemorizantes, generan vulnerabilidades que pueden expresarse de maneras complejas cuando aparece el anonimato digital.

El apego ansioso-preocupado está en el centro de muchos casos de catfishing. Quien tiene este estilo carga con la convicción profunda —a menudo inconsciente— de que su yo real no es suficiente para ser amado. El personaje falso no es puramente engañoso; es un escudo. Al presentar una versión más atractiva, realizada o segura de sí mismo, esa persona comprueba si la conexión es posible antes de arriesgarse al rechazo que da por inevitable.

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El apego desdeñoso-evitativo genera un patrón diferente pero igualmente revelador. Quien tiene este estilo anhela la conexión y al mismo tiempo teme la vulnerabilidad que exige la intimidad real. Una identidad inventada resuelve esa tensión: permite experimentar cercanía sin ser nunca verdaderamente conocido. El riesgo emocional queda contenido detrás de la máscara.

El apego desorganizado es la vía más compleja. Se desarrolla cuando las figuras de referencia eran a la vez fuente de alivio y de miedo, dejando a la persona con impulsos contradictorios: un deseo intenso de cercanía y un terror simultáneo a ella. En entornos digitales, esto puede traducirse en presentaciones de identidad fragmentadas o incoherentes, personajes que cambian y reflejan un conflicto interno nunca resuelto.

Nada de esto implica que los patrones de apego sean un destino inevitable. Son factores de riesgo, no resultados fijos. Su potencia aumenta cuando se cruzan con disparadores situacionales como la soledad prolongada, una pérdida significativa o el acceso sin límites a plataformas que facilitan la reinvención.

Por qué personas inteligentes caen en el catfishing: la ciencia cognitiva detrás de la victimización

Uno de los prejuicios más dañinos sobre el catfishing es asumir que las víctimas debieron ser ingenuas, estar desesperadas o simplemente no haber prestado atención. Las investigaciones sobre la vulnerabilidad psicológica en la victimización dentro de relaciones románticas en línea cuentan una historia diferente: la susceptibilidad se relaciona con rasgos psicológicos específicos —como la soledad y la idealización romántica—, no con una inteligencia menor. Personas perspicaces y reflexivas caen en estas trampas todos los días. Para entender por qué, hay que analizar cómo procesa el cerebro la conexión emocional.

Por qué la comunicación digital intensifica el apego

Las relaciones construidas a través de mensajes no son una versión empobrecida de las presenciales. En muchos casos, pueden ser emocionalmente más intensas. El modelo hiperpersonal de comunicación explica por qué: la ausencia de señales físicas lleva a las personas a llenar los vacíos con imágenes mentales idealizadas del otro. Las investigaciones sobre relaciones hiperpersonales en línea respaldan esta teoría y muestran que la idealización romántica en espacios digitales puede generar una implicación emocional más intensa que la que produciría una relación cara a cara en sus etapas iniciales. Quien hace catfishing, además, tiene control total sobre cada mensaje que envía, construyendo un personaje diseñado para parecer la pareja ideal.

Otros mecanismos cognitivos amplifican este efecto:

  • Refuerzo intermitente: cuando quien hace catfishing alterna entre calidez y distancia, el cerebro responde de manera similar a como lo hace ante el juego de azar. Las recompensas impredecibles generan apego compulsivo, no evaluación racional.
  • Psicología del costo hundido: después de meses de inversión emocional, aceptar que la relación era falsa implica un enorme costo psicológico. La mente se resiste a conclusiones que conviertan el dolor pasado en algo sin sentido.
  • “Bombardeo de amor” y reflejo: los catfishers predadores estudian a sus víctimas y les devuelven sus propios valores, su sentido del humor y sus necesidades. Esto genera una poderosa sensación de ser genuinamente visto y comprendido.
  • Sesgo de confirmación: una vez formado el apego, el cerebro filtra la información entrante de manera inconsciente. Las señales de alerta se racionalizan. Las incoherencias se justifican. Las evidencias que sostienen la relación parecen más sólidas que las que la cuestionan.

Ninguno de estos mecanismos es señal de debilidad. Son características del funcionamiento del apego humano, y quienes manipulan de forma experta saben exactamente cómo aprovecharlos.

El impacto real en las víctimas: daño emocional y psicológico

Ser víctima de catfishing no es simplemente una experiencia bochornosa o incómoda. El daño psicológico puede ser profundo y duradero, y merece tomarse en serio.

La traición duele aunque la persona haya sido ficticia

Aunque la relación estuviera construida sobre mentiras, tu implicación emocional en ella era completamente real. Cuando el engaño sale a la luz, el cerebro lo procesa de manera similar a como procesa la traición de una pareja genuina. Pueden surgir respuestas de estrés similares a las del TEPT, como hiperactivación, pensamientos intrusivos y entumecimiento emocional. El hecho de que la persona nunca haya existido no atenúa el impacto neurológico de sentirse abandonado o traicionado.

Muchas víctimas también atraviesan una forma de desconcierto identitario después de lo ocurrido: cuestionan su propio criterio, repasan mentalmente las conversaciones y se preguntan cómo no detectaron las señales. Esta inseguridad se parece mucho a los efectos cognitivos del gaslighting, en el que se lleva a alguien a dudar de sus propias percepciones.

Duelo por alguien que nunca existió

Uno de los aspectos más crueles del catfishing es el tipo de pérdida que deja. Se llora una relación y una persona que, en ningún sentido tangible, existieron. Eso hace que el proceso de cierre sea extraordinariamente difícil, porque no hay una pérdida concreta que otros puedan reconocer o validar con facilidad.

Entre los efectos a largo plazo pueden aparecer dificultades para confiar en nuevas personas, mayor cautela en los espacios digitales y aislamiento social. En los casos más severos, las víctimas desarrollan síntomas compatibles con el trastorno por estrés postraumático o el duelo complicado. La gravedad de estas consecuencias suele estar relacionada con la duración del engaño y con el nivel de implicación emocional o económica que haya existido.

¿Qué hacer si fuiste víctima de catfishing? Pasos concretos y recursos de apoyo

Identificar las señales de alerta

Algunas señales pasan fácilmente inadvertidas cuando las emociones están involucradas. Presta atención si alguien se niega sistemáticamente a hacer videollamadas, ofrece detalles contradictorios sobre su vida o intensifica la relación emocionalmente muy rápido antes de que haya un encuentro presencial. Puedes hacer una búsqueda inversa de las fotos de su perfil para verificar si esas imágenes aparecen en otros sitios con un nombre diferente. Cualquier solicitud de dinero o de información personal sensible es una señal de alerta grave que justifica poner fin al contacto de inmediato.

Qué hacer al descubrir el engaño

Si confirmas que has sido víctima de catfishing, el primer paso es cortar todo contacto con esa persona. Antes de hacerlo, documenta la evidencia: toma capturas de pantalla de los mensajes, las fotografías recibidas y cualquier perfil vinculado. Denuncia la cuenta ante la plataforma donde ocurrió la interacción. Si hubo dinero involucrado, en México puedes reportar el incidente ante la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (CONDUSEF) o ante la Policía Cibernética de la Secretaría de Seguridad Ciudadana.

Cuándo buscar apoyo profesional

El dolor, la rabia y la confusión que siguen a una experiencia de catfishing son reacciones completamente legítimas. Es común la autoinculpación, pero la responsabilidad del engaño recae íntegramente en quien eligió engañar. La recuperación no sigue una línea recta, y habrá días más difíciles que otros.

Si los problemas de confianza están afectando tus relaciones cotidianas, o si notas síntomas persistentes de ansiedad o depresión, el apoyo de un profesional puede marcar una diferencia significativa. La terapia cognitivo-conductual puede ayudarte a trabajar distorsiones como la autoculpa y la vergüenza, mientras que la terapia interpersonal se enfoca en reconstruir patrones saludables de relación y confianza. La EMDR es otra opción valiosa si la experiencia te dejó con reacciones de tipo traumático.

Si el catfishing te dejó con desconfianza, ansiedad o un dolor emocional que persiste, hablar con un terapeuta certificado puede ayudarte a procesar lo ocurrido a tu propio ritmo. Puedes comenzar con una evaluación gratuita en ReachLink, sin ningún compromiso.

Lo que viviste fue real, aunque la persona no lo fuera

Si llegaste hasta aquí intentando entender algo que te ocurrió, reconocer un impulso propio o simplemente asimilar la desconcertante realidad de que la identidad y la conexión pueden construirse desde la nada, lo que sientes en este momento merece ser tomado en serio. El dolor que surge del engaño no necesita una persona “real” al otro lado para ser legítimo. Tus emociones, tu confusión y tu necesidad de sanar son completamente válidas.

Superar una experiencia de catfishing —o explorar las necesidades no resueltas que pudieron llevarte a ella— no es algo que tengas que enfrentar solo. Cuando estés listo para hablar de ello a tu propio ritmo, puedes explorar opciones de terapia con una evaluación gratuita en ReachLink, sin ninguna presión para dar ese primer paso.


FAQ

  • ¿Cómo puedo saber si alguien me está haciendo catfishing?

    El catfishing ocurre cuando alguien construye una identidad completamente falsa en línea, con nombre, fotos y una historia de vida inventados, para relacionarse contigo durante semanas, meses o incluso años. Algunas señales de alerta comunes incluyen que la persona se niegue a hacer videollamadas, que sus historias tengan detalles contradictorios, o que la relación se intensifique emocionalmente muy rápido. Puedes hacer una búsqueda inversa de sus fotos de perfil para verificar si esas imágenes aparecen en otros sitios con un nombre diferente. Si sospechas que estás en esta situación, lo más importante es no compartir dinero ni información personal sensible, y documentar la conversación antes de cortar el contacto.

  • ¿Una app de salud mental puede ayudarme a procesar lo que siento después de haber sido víctima de catfishing?

    Sí, las herramientas de autoayuda digital pueden ser un punto de partida útil para procesar emociones difíciles como la traición, la confusión o la vergüenza que suelen seguir a una experiencia de catfishing. Escribir sobre lo que viviste a través de un diario guiado puede ayudarte a poner en palabras sentimientos que de otro modo se quedan dando vueltas en la mente. Las apps de salud mental también suelen ofrecer evaluaciones que te permiten identificar si lo que sientes se acerca a síntomas de ansiedad o depresión, lo cual es útil para saber si necesitas apoyo adicional. No reemplazan la terapia profesional, pero pueden ser un acompañamiento valioso cuando no estás listo para hablar con alguien o simplemente necesitas un espacio para empezar a ordenar tus pensamientos.

  • ¿Por qué personas inteligentes caen en el catfishing si las señales parecen obvias desde afuera?

    Desde afuera, las señales del catfishing pueden parecer evidentes, pero desde adentro de la relación el cerebro funciona de manera muy diferente. El modelo hiperpersonal de comunicación explica que en las relaciones digitales tendemos a llenar los vacíos de información con versiones idealizadas de la otra persona, lo que puede generar vínculos emocionalmente muy intensos. A esto se suma el refuerzo intermitente, donde la persona que hace catfishing alterna calidez y distancia, activando en el cerebro una respuesta similar a la del juego de azar que genera apego compulsivo. Una vez formado ese apego, el sesgo de confirmación hace que el cerebro filtre las señales de alerta y justifique las incoherencias. Caer en el catfishing no es señal de ingenuidad ni de falta de inteligencia, sino el resultado de mecanismos cognitivos profundamente humanos.

  • No estoy listo para hablar con alguien, pero siento que necesito procesar lo que me pasó. ¿Por dónde puedo empezar?

    Empezar por tu cuenta con herramientas de bienestar mental es un paso completamente válido cuando todavía no te sientes listo para hablar con alguien. La app de ReachLink ofrece herramientas de autoguía que incluyen un diario para escribir sobre tus experiencias, un chatbot de inteligencia artificial con el que puedes explorar lo que sientes a tu propio ritmo, evaluaciones de salud mental para identificar cómo te está afectando lo que viviste, y seguimiento de tu progreso a lo largo del tiempo. Estas herramientas pueden ayudarte a empezar a ordenar tus emociones y entender mejor lo que necesitas, sin presión ni compromisos. Puedes descargar la app y comenzar cuando estés listo.

  • ¿El catfishing siempre tiene una motivación maliciosa o puede haber otras razones detrás?

    No siempre. Aunque los casos más conocidos son los de tipo predador, donde alguien construye una identidad falsa para obtener dinero, acceso sexual o control sobre otra persona, las investigaciones muestran que existen al menos tres grupos motivacionales distintos. Algunas personas hacen catfishing desde una baja autoestima o ansiedad social, usando la identidad falsa como espacio para explorar quiénes son o para sentirse queridas de formas que no creen posibles desde su identidad real. Otros lo hacen como escapismo, creando una vida paralela que les parece más interesante o menos dolorosa que la propia. Esto no justifica el daño que causa en las víctimas, pero ayuda a entender que detrás del engaño hay procesos psicológicos complejos que frecuentemente reflejan necesidades profundas no satisfechas.

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