¿Qué entendió mal todo el mundo sobre Maslow?

September 1, 202613 min de lectura
¿Qué entendió mal todo el mundo sobre Maslow?

La pirámide de Maslow que domina libros de texto y presentaciones corporativas nunca fue diseñada por Maslow, quien describió las necesidades humanas como gradientes que se superponen, no como etapas rígidas, y entender esa diferencia esencial cambia la forma en que comprendemos la motivación, el bienestar y el crecimiento psicológico.

La jerarquía de Maslow es una de las ideas más repetidas en psicología, pero hay algo que casi nadie sabe: esa pirámide famosa nunca la dibujó él. Lo que Maslow realmente escribió es más flexible, más humano y mucho más útil para entender tus propias necesidades.

Una pirámide que Maslow jamás dibujó

¿Sabías que la imagen más reconocida de la psicología motivacional del siglo XX —esa pirámide de cinco niveles que aparece en libros de texto, presentaciones corporativas y carteles de oficina— nunca fue creada por el hombre al que se le atribuye? Abraham Maslow publicó su teoría en 1943 en la revista Psychological Review, y en ninguna de sus páginas aparece un triángulo. Lo que sí escribió fue bastante más complejo, más humano y más útil que el esquema rígido que ha circulado durante décadas en su nombre.

Entender lo que Maslow realmente propuso —y separarlo de lo que otros construyeron después— cambia por completo la forma en que podemos aplicar esta teoría a nuestra vida cotidiana. Y, sobre todo, nos libera de una lectura demasiado simplista de algo que nació con mucha más profundidad.

¿De dónde salió la pirámide entonces?

Los investigadores que han rastreado el origen del diagrama triangular apuntan a la literatura de consultoría organizacional y gestión empresarial de los años sesenta. Una de las primeras representaciones piramidales conocidas aparece en un artículo de Charles McDermid publicado en 1960 en la revista Business Horizons, dirigida a ejecutivos y directivos. Es decir: la pirámide fue diseñada para el mundo corporativo, no para las aulas de psicología ni para la clínica.

Esto tiene consecuencias importantes. La figura triangular transmite visualmente un mensaje muy específico: una estructura rígida en la que hay que comenzar desde abajo y escalar peldaño a peldaño. Ese mensaje contradice directamente lo que Maslow escribió. Él describió las necesidades humanas como un proceso fluido y superpuesto, no como compartimentos estancos. La forma impuso reglas que las palabras de Maslow nunca respaldaron. A fuerza de repetición, la representación visual terminó reemplazando a la teoría original en el imaginario colectivo.

Lo que Maslow realmente propuso en 1943

En su artículo original, Maslow describió una jerarquía motivacional organizada por el principio de prepotencia: las necesidades más básicas —como comer, dormir o estar a salvo— capturan toda la atención cuando no están cubiertas. Conforme esas necesidades se van satisfaciendo en buena medida, otras más complejas —como la pertenencia, el reconocimiento o el crecimiento personal— comienzan a emerger. No se trata de una escalera, sino de un paisaje cambiante donde distintas necesidades coexisten y compiten.

Los porcentajes que casi nadie menciona

Un detalle que raramente aparece en los resúmenes populares es que Maslow ofreció estimaciones aproximadas sobre cuánta satisfacción necesita cada nivel para que el siguiente empiece a volverse relevante. Sus cifras orientativas eran las siguientes:

  • Necesidades fisiológicas (alimento, agua, descanso): satisfechas en un 85 %
  • Necesidades de seguridad (estabilidad, protección): satisfechas en un 70 %
  • Necesidades de amor y pertenencia: satisfechas en un 50 %
  • Necesidades de estima: satisfechas en un 40 %
  • Autorrealización: satisfecha en un 10 %

Estas estimaciones no buscaban ser mediciones exactas. Maslow las usó para ilustrar algo clave: los niveles se superponen, conviven, y no es necesario resolver uno por completo para que el siguiente comience a hacerse presente.

Las excepciones que el propio Maslow reconoció

Maslow fue claro en señalar que la prepotencia describe una tendencia general, no una ley sin excepciones. Él mismo citó casos del mundo real: un artista que crea de manera obsesiva mientras descuida su alimentación, o una persona que asume riesgos para su integridad física en nombre de una causa o una comunidad. Estos comportamientos no contradicen la teoría; Maslow los había anticipado. En sus escritos originales reconocía que las necesidades superiores pueden surgir incluso cuando las inferiores siguen parcialmente insatisfechas, especialmente en personas con un fuerte impulso creativo o compromisos ideológicos profundos.

Los cinco niveles explicados desde la fuente original

El artículo de 1943 no se limitó a ordenar las necesidades de menor a mayor complejidad. Maslow exploró cómo las necesidades insatisfechas pueden moldear el comportamiento de formas que a menudo pasan desapercibidas para quien las experimenta.

Necesidades fisiológicas y de seguridad

Las necesidades fisiológicas —comer, beber agua, dormir, respirar— son las más prepotentes de todas. Cuando están gravemente desatendidas, pueden reorganizar toda la conciencia en torno a un único objetivo, dejando en segundo plano las relaciones, los proyectos y cualquier otra prioridad. Pero en cuanto se satisfacen de manera suficiente, dejan de funcionar como motivadores activos. Como bien señaló Maslow: no piensas en respirar hasta que no puedes hacerlo.

Las necesidades de seguridad van mucho más allá de no estar en peligro físico. Maslow incluyó explícitamente la estabilidad, la rutina, la previsibilidad y la ausencia de ansiedad crónica. Vinculó la insatisfacción de este nivel con patrones de comportamiento neuróticos, observando que quienes crecieron en entornos caóticos o impredecibles suelen invertir grandes cantidades de energía en buscar control y orden, incluso cuando no existe ninguna amenaza real. Las necesidades de seguridad y pertenencia insatisfechas suelen impulsar conductas que, a primera vista, parecen irracionales, pero que tienen pleno sentido cuando se analizan desde esta perspectiva.

Amor, pertenencia y estima

La elección de la palabra “amor” en lugar de “social” no fue accidental. Maslow distinguió entre dar afecto y recibirlo, y consideró ambas dimensiones como necesidades genuinas, no meras preferencias. Advirtió que frustrar estas necesidades es, en su opinión, la causa más frecuente de desajuste psicológico. Cuando una persona se siente crónicamente desconectada o rechazada, los efectos se manifiestan hacia afuera: la irritabilidad y la desregulación emocional se encuentran entre las consecuencias más visibles de este tipo de carencia.

Las necesidades de estima comprenden dos dimensiones distintas. Por un lado, la autoestima: el sentido interno de competencia, dominio y confianza que surge desde adentro. Por otro, el reconocimiento externo: el respeto, el estatus y la aprobación que provienen de los demás. Maslow fue categórico: la forma más sólida de estima es la que se construye desde uno mismo. Aquella que depende exclusivamente de la validación ajena tiende a ser frágil y vulnerable.

Autorrealización: ser auténticamente uno mismo

Maslow definió la autorrealización como “el deseo de convertirse en todo lo que uno tiene la capacidad de ser”. No la entendía como un destino fijo ni como un logro concreto. Para un padre, para un artista o para un atleta, este nivel se manifiesta de maneras completamente distintas, porque está enraizado en las capacidades y valores particulares de cada persona. Maslow dejó claro que este nivel emerge cuando las demás necesidades están satisfechas de forma sustancial —no perfecta— y que se trata de un proceso continuo, no de un estado que se alcanza de una vez para siempre.

Para desarrollar este concepto, Maslow estudió a un grupo cuidadosamente seleccionado de personas que, a su juicio, habían alcanzado la autorrealización, entre ellas figuras como Abraham Lincoln, Albert Einstein y Eleanor Roosevelt. Las características que identificó en ellas incluían espontaneidad, preocupación genuina por problemas más allá de sí mismas, comodidad con la soledad, vínculos afectivos profundos, valores democráticos y una marcada creatividad. A pesar de ello, estimó que solo entre el 1 % y el 2 % de la población opera motivada principalmente por este nivel.

Maslow también describió las “experiencias cumbre”: momentos breves e intensos de claridad, alegría o conexión que representan destellos temporales de autorrealización al alcance de cualquier persona. Pueden surgir durante el trabajo creativo, en contacto con la naturaleza o en una conversación verdaderamente significativa. No están reservadas a una minoría privilegiada.

Lo que Maslow agregó después de 1943: el modelo ampliado

La versión de cinco niveles que domina los libros de texto nunca fue la última palabra de Maslow. En Motivación y personalidad (1954) y en escritos posteriores, amplió su modelo con dos categorías adicionales: las necesidades cognitivas y las necesidades estéticas. Las primeras describen el impulso humano por conocer, explorar y comprender —esa curiosidad que nos lleva a preguntarnos “por qué” mucho después de que la pregunta haya dejado de tener utilidad práctica—. Las segundas recogen el anhelo de belleza, orden y armonía: la razón por la que un espacio desordenado puede resultar genuinamente perturbador, y no solo un inconveniente menor.

Hacia el final de su vida, en 1969 y 1970, Maslow propuso algo aún más significativo: la trascendencia. Este nivel se ubica por encima de la autorrealización y describe experiencias que van más allá del yo individual: las experiencias cumbre de asombro y claridad, el servicio desinteresado a los demás y una conexión sentida con algo mayor que uno mismo. Este concepto responde directamente a una de las críticas más habituales al modelo original: que estaba demasiado centrado en el individuo para capturar cómo la mayoría de las personas encuentran verdaderamente sentido a su vida.

A pesar de estas revisiones, el modelo ampliado de siete u ocho niveles está prácticamente ausente de los programas de formación empresarial y de los libros de texto de psicología. La versión simplificada de cinco niveles sigue predominando, aunque el propio Maslow la superó. Como demuestran las extensiones evolutivas contemporáneas de la jerarquía motivacional, el marco más completo tiene una relevancia científica real. Limitarse a cinco niveles no solo simplifica a Maslow: descarta en silencio las partes de su pensamiento que mejor han resistido el paso del tiempo.

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Las cinco ideas erróneas más persistentes sobre esta teoría

La repetición constante de la pirámide en tantos contextos distintos ha sedimentado varios mitos que merecen ser desmantelados uno por uno.

Hay que completar un nivel antes de acceder al siguiente. Maslow rechazó explícitamente esta interpretación. Describió las necesidades como gradientes que se superponen, no como puertas que se abren en secuencia. Una persona puede buscar conexión y pertenencia mientras atraviesa inestabilidad económica. Esta lectura rígida se ha integrado tan profundamente en ciertas prácticas profesionales que ahora determina el orden de prioridades en enfermería, lo que explica por qué este mito goza de tanta autoridad aparente.

La jerarquía es una ley científica comprobada. Maslow la presentó como un punto de partida teórico y reconoció abiertamente que su marco carecía de verificación empírica sólida. Tratarla como ciencia establecida va mucho más allá de lo que él mismo afirmó.

Todos los seres humanos siguen el mismo orden. El propio Maslow enumeró excepciones. El contexto cultural también influye decisivamente en qué necesidades se perciben como más urgentes. La idea de una secuencia universal única simplifica en exceso la complejidad que la teoría intentaba capturar.

Autorrealización equivale a éxito profesional o económico. Esta confusión genera un daño real. Maslow se refería a la plenitud psicológica y a la expresión auténtica de uno mismo, no al estatus ni a los indicadores de productividad. Vincular la autorrealización a los logros materiales puede reforzar sutilmente la baja autoestima en quienes sienten que no han “triunfado” según los estándares convencionales.

La pirámide es obra de Maslow. Ya lo hemos establecido: Maslow nunca dibujó un triángulo. Otros crearon esa representación visual años después, y ese simple hecho está en la raíz de casi todos los malentendidos anteriores.

Ochenta años de investigación: ¿qué dicen los datos?

La jerarquía de Maslow ha orientado aulas y salas de juntas durante décadas, pero cuando los científicos pusieron a prueba sus supuestos, los resultados no siempre confirmaron lo que la pirámide sugería.

Estudios que cuestionaron la secuencia

El cuestionamiento más directo provino de Wahba y Bridwell, quienes en 1976 realizaron una revisión exhaustiva de la literatura científica disponible y llegaron a una conclusión contundente: había escasas pruebas consistentes que respaldaran tanto las categorías de necesidades propuestas como su orden jerárquico estricto. La progresión clara y lineal de cinco pasos no era algo que los investigadores pudieran observar de manera fiable en el comportamiento humano real.

Décadas después, Tay y Diener (2011) analizaron datos de más de 60,000 participantes en 123 países y encontraron que, si bien satisfacer las necesidades se asociaba con mayor bienestar, el orden rígido no se sostenía. Tal como documenta la evidencia empírica crítica sobre la jerarquía de Maslow, las personas buscaban activamente conexión, sentido y crecimiento incluso cuando necesidades básicas como la seguridad o la alimentación seguían sin estar plenamente cubiertas. Las investigaciones sobre los objetivos de autorrealización que emergen aun cuando las necesidades básicas no están satisfechas lo confirman: la aspiración a niveles superiores no espera a que los inferiores estén completamente resueltos.

Críticas culturales y metodológicas

La jerarquía también enfrenta dificultades para dar cuenta de la diversidad cultural. En sociedades colectivistas —como muchas comunidades latinoamericanas, asiáticas o africanas— la pertenencia al grupo suele priorizarse por encima de la estima individual o la autorrealización, lo que contradice directamente el orden propuesto. Investigadores como Hofstede han argumentado que el modelo refleja una visión del mundo marcadamente occidental e individualista, más que un esquema verdaderamente universal.

Los problemas metodológicos son igualmente relevantes. Maslow construyó su marco a partir de la observación clínica y el razonamiento filosófico, no de experimentos controlados. Su muestra de personas “autorrealizadas” era pequeña y seleccionada de forma subjetiva, lo que significa que el concepto central de la teoría descansaba sobre una base empírica notablemente débil. La variabilidad psicológica individual —incluida la manera en que las personas experimentan los trastornos del estado de ánimo y la desregulación emocional— erosiona cualquier modelo que asuma una única trayectoria universal a través de la motivación humana.

¿Por qué sigue vigente si la evidencia es débil?

La respuesta honesta es su atractivo intuitivo. La jerarquía es fácil de visualizar, fácil de enseñar y parece verdadera de una manera que resuena con la experiencia cotidiana. Un diagrama convincente suele sobrevivir mucho más tiempo que la investigación que lo complica. Y en este caso, la distancia entre la teoría original y su representación más famosa ha sido tan grande que lo que se perpetúa es, en realidad, una versión distorsionada del pensamiento de Maslow.

Tus necesidades son más complejas que cualquier esquema

Quizás lo más valioso que puede ofrecer esta revisión crítica de Maslow es una cierta liberación: la vida interior de las personas nunca ha cabido limpiamente en un triángulo. Las necesidades se superponen, se contradicen, cambian de orden según el momento y el contexto. Eso no es una señal de que algo esté mal contigo. Es simplemente lo que significa ser humano.

Si has estado evaluando tu bienestar o tu crecimiento personal con base en un esquema que, desde el principio, fue más simplificado de lo que debía, tiene sentido que algo no haya terminado de encajar. Explorar tus propias necesidades, motivaciones y patrones con el acompañamiento de alguien capacitado para ayudarte a comprenderlos puede marcar una diferencia real. Si estás listo para dar ese paso, ReachLink te permite comenzar a trabajar con un terapeuta sin compromiso y al ritmo que mejor se adapte a ti. Si en algún momento sientes que necesitas apoyo inmediato, puedes comunicarte con SAPTEL al 55 5259-8121 o con la Línea de la Vida al 800 290 0024, disponibles las 24 horas del día.


FAQ

  • ¿Es cierto que Maslow nunca dibujó la pirámide que todos conocemos?

    Sí, es cierto. Abraham Maslow publicó su teoría de la motivación en 1943 en la revista Psychological Review, y en ese artículo no aparece ningún triángulo. La pirámide fue creada por otros autores, probablemente en el contexto de la literatura de negocios de los años sesenta. Lo que Maslow realmente describió fue un proceso fluido de necesidades que se superponen y conviven, no una escalera rígida que hay que subir peldaño a peldaño. Entender esta diferencia cambia por completo la forma en que podemos aplicar su teoría a la vida cotidiana.

  • ¿Puede una app de salud mental ayudarme a entender mejor mis propias necesidades y motivaciones?

    Sí, aunque de una manera diferente a la terapia profesional. Las herramientas de autoexploración como el journaling y los cuestionarios de bienestar pueden ayudarte a identificar patrones en tus emociones y comportamientos, lo cual es un primer paso muy valioso. Reflexionar con regularidad sobre cómo te sientes en distintas áreas de tu vida, como la seguridad, las relaciones o el crecimiento personal, te da información concreta sobre qué necesidades podrían estar más desatendidas. Este tipo de autoconocimiento no reemplaza el trabajo con un profesional, pero sí puede orientarte y darte claridad antes de dar ese paso.

  • ¿Qué pasa si tengo metas de crecimiento personal aunque mis necesidades básicas no estén del todo cubiertas?

    Según la investigación más reciente, eso es completamente normal. El propio Maslow reconoció que las necesidades superiores, como el crecimiento personal o la conexión, pueden emerger incluso cuando las inferiores no están completamente satisfechas. Estudios con más de 60,000 personas en 123 países confirmaron que los seres humanos buscan activamente sentido, conexión y autorrealización incluso en contextos de inseguridad o carencia. La idea de que hay que completar un nivel antes de pasar al siguiente es uno de los mitos más arraigados de la teoría, y el propio Maslow la rechazó de forma explícita.

  • No estoy listo para ir con un terapeuta, pero sí quiero empezar a trabajar en mi bienestar. ¿Por dónde comienzo?

    Si no estás listo para la terapia o no tienes acceso a ella en este momento, comenzar con herramientas de autoayuda estructuradas es una opción válida y útil. La app de ReachLink ofrece recursos como journaling guiado, un chatbot de apoyo emocional, evaluaciones de salud mental y seguimiento de tu progreso a lo largo del tiempo. Estas herramientas te permiten explorar tus emociones y patrones de pensamiento a tu propio ritmo, sin presión ni compromisos. Descargar la app puede ser un primer paso concreto para empezar a conocerte mejor y cuidar tu bienestar mental desde hoy.

  • ¿Por qué el modelo de Maslow sigue usándose si la evidencia científica que lo respalda es débil?

    Principalmente por su atractivo intuitivo. La jerarquía es fácil de visualizar, fácil de enseñar y parece verdadera de una manera que conecta con la experiencia cotidiana de muchas personas. Un diagrama claro y convincente suele sobrevivir mucho más tiempo que la investigación que lo cuestiona. Como lo señalaron investigadores como Wahba y Bridwell, la teoría nunca fue diseñada como ciencia comprobada, sino como un punto de partida teórico, algo que el propio Maslow reconoció abiertamente. El problema no es tanto el marco en sí, sino haberlo tratado como una ley universal cuando nació como una hipótesis de trabajo.

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